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domingo, 14 de enero de 2018

"LA MUJER QUE ESCRIBIÓ FRANKENSTEIN"

Mary Shelley: Vida y misterio de una autora macabra

Biografía. “La mujer que escribió Frankenstein”, de Esther Cross, es una visión personal y atrapante de una época de profanadores de tumbas, operaciones sin anestesia y ferias de freaks.


Mary Shelley: Vida y misterio de una autora macabra
Una mente siniestra. Esther Cross se pregunta en el libro si acaso es posible creer que Mary Shelley concibió su obra a partir de la morbosidad de su mente

Casi doscientos años atrás, Mary Shelley comprendió que la identidad está en los

recuerdos. Y que si un ser existió, éste seguirá haciéndolo a través de la memoria. Lo


 supo en 1822, a los 25 años, cuando acababa de quedar viuda, y decidió conservar el


 corazón de su marido, el escritor y poeta romántico Percy B. Shelley.
Hacía cuatro años que había escrito Frankenstein, que contaba entonces la tercera

edición, y por la que más tarde iba a ser considerada como la autora de una historia


macabra.
Envuelto en la página de una poesía, Mary Shelley trasladó el corazón de su esposo

 en sus sucesivos viajes y mudanzas a modo de reliquia, durante un cuarto de siglo,


hasta su muerte.
La sordidez de ese detalle es sin embargo lo que resume la naturaleza romántica de

su ser y escritura, muy lejos de la lobreguez a la que fue sintetizada su vida privada y

 su vida como escritora.



Mary Wollstonecraft by John Opie (c. 1797).jpg

Retrato realizado por John Opie hacia 1797. (Madre)

Mary Wollstonecraft fue una filósofa y escritora inglesa. Considerada una de las grandiosas figuras del mundo 

moderno, escribió novelas, cuentos, ensayos, tratados, un relato de viaje y un libro de literatura infantil.Wikipedia

La imagen del corazón de Shelley en el cementerio de Inglaterra, enterrado junto al

cadáver de su esposa, lejos del cuerpo del poeta –cuya tumba está en Roma– es con la

 que se encuentra el lector de La mujer que escribió Frankenstein (Emecé), el

 excéntrico e inquietante libro de Esther Cross (Buenos Aires, 1961). Allí, la autora

narra algunos de los momentos de la vida de la mujer que escribió la novela sobre un

monstruo armado por trozos de cadáveres, en la época de los “resurreccionistas”,

robo y venta de cadáveres, profanadores de tumbas, estudios de disección,

operaciones sin anestesia y ferias de freaks.


WilliamGodwin.jpg


William Godwin (Padre)

William Godwin fue un político y escritor británico, considerado uno de los más importantes precursores liberales

del pensamiento anarquista y del utilitarismo. Wikipedia


Una vida rodeada de tumbas
El corazón de Percy B. Shelley está enterrado con Mary en la ciudad costera de

Bornemouth, en Inglaterra. En esa tumba, además de sobrar un corazón, hay otras


partes de su familia. Son reliquias de tres de los cuatro hijos que murieron de


 pequeños (una, apenas nacida; otra, a los dos años de edad, un varón que nació entre


ellas, muerto de fiebre o cólera). De cada uno guardó algo, pelo, un pañuelo.
Cross cuenta que fue ese el disparador del libro, que encontró en una vieja biografía.

A partir de ahí, comenzó a buscar más datos, que fueron apareciendo como cajas


 chinas, por azar.


“Fue como una especie de sinapsis de lecturas”, dice, sobre el modo en que fue

 encontrándose con cada una de ellas. Como el libro de Hermione Lee, Virginia


 Woolf’s Nose , y el capítulo “Shelley’s Heart and Pepys’s Lobsters”. Allí se narra la


 muerte de Shelley en Italia en un naufragio, a raíz de una tormenta repentina.


 Apareció ahogado en la orilla de la playa, desfigurado por el mar. Allí mismo fue


 enterrado, pues las leyes sanitarias de Italia impedían que se lo trasladara para un


 entierro convencional. Más tarde, sus amigos desenterraron el cuerpo y llevaron a


 cabo un ritual casi tribal, en el que fue cremado. En su funeral estaban Lord Byron,


 que acompañaba en su vida nómade a los Shelley, y el biógrafo y aventurero Edward


 Trelawny, quien rescató el corazón de entre las llamas, al ver que aquél se mantenía


 intacto mientras el resto del cuerpo ardía.Se dice que Mary debió forcejear con el


escritor Leigh Hunt, amigo de Shelley, que quería quedarse con el corazón. Byron –


cuya amante era Claire Clairmont, hermanastra de Mary, que los acompañaba


 siempre en su travesía– se puso del lado de la escritora. Una vez que lo consiguió,


Mary envolvió el corazón de su esposo en una página con “Adonais”, un poema de


Shelley.



Percy Bysshe Shelley by Alfred Clint crop.jpg

Percy Bysshe Shelley, retratado por Alfred Clint (1819). (Esposo)

Percy Bysshe Shelley fue un escritor, ensayista y poeta romántico inglés. Entre sus obras más famosas se 


encuentran Ozymandias, Oda al viento del Oeste, A una alondra y La máscara de Anarquía. Wikipedia


La muerte de Percy B. Shelley fue casi conceptual a su vida: murió viajando, tal

como vivía. Se había embarcado aun en contra de los deseos de Mary, que quedaba

en Italia. La manía de viajar los convertía en mucho más que nómades. “¿Podían

dejar de viajar?”, se pregunta Cross. “Eran románticos”, responde. “Constantemente

 en fuga, viajar era la expresión física de un movimiento de ruptura de límites”

, explica. Francia, Suiza, Milán, Venecia, Roma, Nápoles, otra vez Roma. Así como

llegaban ya estaban embarcando de nuevo en caravana. Trasladaba muebles, escritos,

correspondencia, una cuna. Porque ese es otro dato que caracterizó sus vidas: dejaban

 atrás una tumba y partían con una cuna. En las cartas y diarios los Shelley aparecen

siempre moviéndose; la gente alrededor se moría, sus hijos se morían, pero ellos

seguían adelante, reafirmándose vivos.
Cross explica que el monstruo y el doctor Frankenstein de algún modo también son

románticos por eso mismo. Están todo el tiempo moviéndose, y se encuentran en

Suiza, Alemania, Escocia, el Polo: “ambos siguen, aunque dejen cadáveres en el

camino”, escribe la autora.

La zona de escritura
Mary Wollstonecraft Godwin, como se llamaba, era hija de dos escritores y

pensadores de avanzada, Mary Wollstonecraft y William Godwin. Se habían casado

 cuatro meses antes de que Mary naciera, para hacerle la vida más fácil a su hija y

evitar que fuera vista como una bastarda. “Nunca voy a casarme”, había escrito su

madre, autora de “Una reivindicación de los Derechos de la Mujer”, cuando tenía

veintiún años. “El matrimonio: una forma de monopolio, el peor”, escribió su padre,

 autor de Ensayo sobre los sepulcros.
Su madre murió a los diez días del nacimiento de Mary. Era la época en que la

asepsia en los partos era algo impensado. Faltaban cincuenta años, escribe Cross,

para que el doctor Semmelweiss descubriera que “los dedos ensuciados llevan las

 partículas cadavéricas fatales a los órganos genitales de las mujeres encintas”, de

modo que nadie se lavaba las manos. El médico introdujo sus dedos y retiró los

restos de placenta que la parturienta no había llegado a expulsar.

de placenta que la parturienta no había llegado a expulsar. La infección no tardó en

 generalizarse, y Mary Wollstonecraft murió al cabo de diez días de fiebre,

convulsiones y dolores, que trataban de calmarle dándole de beber vino.



Cubierta de Frankenstein de Mary Shelley, en la edición de 1831.



Los pasajes de Frankenstein se intercalan en este libro de Esther Cross con
momentos de la vida de Mary Shelley, en un extraño recorrido que lo convierten en
 un volumen difícil de definir: no es una novela, aunque se vale de los recursos

 literarios de ésta; no es un ensayo –huye de la metodología de cita y referencia de

documentos–, aunque se pueden identificar sus hipótesis y argumentaciones;

 no es una biografía, pese a que los extractos constituyen el trayecto desde su

nacimiento a su muerte. “Me interesa el entorno de la vida de un escritor, y con Mary

Shelley quise contar qué veía por la ventana. Qué era la figura y qué el fondo. Qué es

 entorno y qué es vida, cómo se desdibujan”, dice Cross.
Desde su ventana, lo que Mary Shelley veía esencialmente eran tumbas y cadáveres.

 Su vida estuvo asociada a los cementerios desde la infancia. El tiempo en que vivió

fue el de los ladrones de tumbas, que trabajaban clandestinamente para proveer de

 cuerpos a médicos y anatomistas. Esto, antes de 1832, cuando se sancionó el Acta

de Anatomía, que entregaba a la Medicina los cuerpos de indigentes o muertos en

asilo que nadie reclamaba.
El cirujano del rey, Sir Astley Cooper, quien describió estructuras anatómicas y

 algunas enfermedades, lo definió: “La ley no impide que obtengamos el cuerpo de

cualquier individuo que consideramos necesario. No hay persona, sea cual sea su

situación, cuyo cuerpo no podamos conseguir para diseccionar”. Frases como esas

llevaron a que los cementerios se poblaran de deudos que hacían guardia alrededor de

 las tumbas de sus seres queridos, ante el temor de que ellas fueran profanadas.Como

 muchos otros en su tiempo, Cooper necesitaba de los ladrones y vendedores de

cadáveres, para dar clases y practicar cómo cortar. En tiempos en que la anestesia

 todavía no se había descubierto, se necesitaba ser rápido, ganar adiestramiento, abrir

 y cerrar con velocidad; el paciente se podía morir a causa del dolor.
De niña, como la mayoría de los chicos, Mary tenía su lugar de evasión. En su caso

 era el cementerio de Saint Pancras, donde estaba enterrada su madre. Sobre su

tumba aprendió a leer. Su padre solía llevarla junto a su hermanastra Fanny, con

quien practicaban lectura sobre las lápidas.
En Saint Pancras, a los dieciséis, Mary se encontró por primera vez a solas con Percy

 B. Shelley. Ahí se declararon su amor y planearon fugarse. Mary lo había conocido

en su casa, a donde Percy, con veintidós años, fue a visitar a su padre, en compañía

de su esposa, con quien ya tenía hijos. “El cementerio, con la tumba sagrada, fue el

 primer sitio donde el amor brilló en tus ojos. Nos encontraremos de nuevo (...). Un

día vamos a unirnos”, escribió Mary en su diario diez años después, cuando ya había

 quedado viuda.
Desde su ventana, Mary podía ver los carros clandestinos que trasladaban cadáveres.

Muchas veces estaban envueltos en bolsas o en cajas con falsas leyendas, como

“piano”. Iban desnudos, pues trasladarlos con mortaja sí constituía delito de robo. La

 prenda para la morada última era un elemento material que correspondía a la familia,

 pero el cuerpo de una persona muerta a nadie pertenecía.
Entre las lecturas predilectas de la época, estaba el Newgate Calendar, con noticias de

 la cárcel. Allí en 1803 se narra la disección del condenado George Forster a cargo

del profesor Giovanni Aldini, especialista en galvanismo. “Rodeó el cuerpo con

 láminas de zinc, cobre y plata traídas de Italia, hundió unas varas en el cuerpo, en la

 boca y en las orejas. La mandíbula empezó a temblar. Los músculos que la rodeaban

 se contrajeron terriblemente. Se abrió el ojo izquierdo”, transcribe Cross en su libro.
La autora sitúa a Mary Shelley, además, en tiempos de la feria de Saint artholomew,


una “kermesse diabólica” de cuatro días, famosa por sus freaks, donde desfilaban

deformes, como una albina, enanos, y la chica de dos cabezas, “viva”. El público

pagaba caro por ver esas atracciones. O las del dentista Martin van Butchell,

 especializado además en fístulas anales, que conservaba embalsamado el cuerpo de

su mujer expuesto en una ventana.
En Frankenstein and the 1832 Anatomy Act, Tim Marshall define la época y la

importancia de la novela de Mary Shelley. “Frankenstein es la clásica historia de la

era de profanación de cuerpos. También, es un relato de ficción sobre la legislación

 que acabó con ella. Con la Ley de Anatomía, nació la cara monstruosa de la cultura

utilitaria de Inglaterra de mediados de la era victoriana”.
En su novela, Mary Shelley da menos explicaciones y se refiere a “terribles

 actividades” nocturnas del doctor Frankenstein. Así es como lo manda a trabajar a

Inglaterra en la temporada de exhumación de cadáveres. El doctor, recuerda Cross,

“quiere entender la vida (...). Para hacerlo, debe ponerse, literalmente, en contacto

 con los muertos. En la novela de Mary Shelley, el médico habla, de hecho, con un

muerto que está vivo”. Esther Cross precisa así el foco de la novela de Mary Shelley:

 “En su novela, los muertos se levantaron. Son los muertos, resumidos en el

monstruo, los que observan al doctor y no al revés, como pasaba en la vida”, escribe.


Y cuando el doctor Frankenstein muere, ahí están, convertidos en monstruo, para

velarlo. Así, el hecho de que la tumba de Mary Shelley sea “muchas tumbas a la

vez”, con su propia colección de reliquias, figura y fondo se fusionan y pierden, para

 redimir a la autora. ¿Es posible creer que Mary Shelley concibió su obra a partir de

la morbosidad de su mente? ¿Quién es el sujeto de la morbosidad, el que la consume

 o el que la narra?
La mujer que escribió Frankenstein es un relato de viaje aciago, con el que Cross,

 dice, se propuso “desandar el camino de ese cuerpo extraño”. El libro, sin embargo,

 es bastante más. Obliga a recordar la frase de Tolstoi: “Pinta tu aldea y pintarás el

 mundo”. Porque si un escritor tiene por misión la de ser cronista de su tiempo, Mary

 Shelley no escribió otra cosa más que aquella que debía escribir, la crónica de la

realidad que la contenía.

sábado, 13 de enero de 2018

MUJERES QUE CAMBIARON EL MUNDO

Ayer se celebró en Estados Unidos el Día de la Igualdad de la Mujer, en el que se conmemora el 19° aniversario de la Enmienda a la Constitución de Estados Unidos, el cual le otorgó a las mujeres el derecho al voto.
Es por eso, y conmemorando ese día, en Recreo Viral hemos hecho una recopilación con las 30 mujeres que pusieron de su parte para hacer del mundo un lugar mejor.

1. Marie Curie

Fotografía de Marie Curie, famosa física y química polaca de la radiactividad
Fue una física y química polaca, famosa por su trabajo especializado en la radiactividad, por lo que fue dos veces ganadora del Premio Nobel.

2. Margaret Headfield

Margaret Headfield fue la directora del software del programa espacial Apolo 1969
Fungió como directora de Ingeniería de Software del programa espacial Apolo de la NASA, en 1969.

3. Valentina Tereshkova

Valentina Tereshkova fue la primer mujer en el espacio en 1963
La rusa Valentina Tereshkova fue la primer mujer en el espacio a bordo del Vostok 6, en el año de 1963.

4. Malala Yousafzai

Malala Yousafzai activista paquistaní para la educación femenina
Es una activista paquistaní para la educación femenina y la más joven de la historia en recibir el Premio Nobel.

5. Kathrine Switzer

Kathrine Switzer primer mujer en correr en la carrera de Boston en 1967
Fue la primer mujer en correr el maratón de Boston en 1967. Cuando el organizador Jock Semple se dio cuenta de que una mujer corría, intentó sacarla de la carrera.

7. Amelia Earhart

Amelia Earhart primer mujer en volar sola en volar por el Océano Atlántico
Fue la primer mujer piloto aviador en volar sola a través del Océano Atlántico en 1928.

8. Una de las Onna Bugeisha

Una de las Onna Bugeisha es considerada la Mujer Samurai en Japón.
Desde finales del siglo XlX es considerada como “Mujer Samurai Warrior Of The Bushi Superior” de la clase feudal en Japón

9. Mujeres bomberos en Pearl Harbor

Fotografía de unas mujeres bomberas en Pearl en el año de 1941

10. Komako Kimura

Komako Kimura mujer que marchó por el derecho al voto en Nueva York en 1917
El 27 de octubre de 1917, esta sufragista japonesa marchó por la quinta avenida en la ciudad de Nueva York exigiendo el derecho al voto.

11. Eliza Leonida Zamfirescu

Eliza Leonida Zamfirescu primer mujer ingeniero en todo el mundo
La primer mujer ingeniero en el mundo.

12. Ana Frank

Anne Frank es una niña mundialmente conocida por el Diario de Ana Frank
Fue una escritora judía. Mundialmente conocida gracias al Diario de Ana Frank. 

13. Maud Stevens Wagner

Maud Stevens Wagner es la primer mujer tatuadora conocida en 1907
Fue la primer mujer conocida como artista del tatuaje en los Estados Unidos, en 1907.

14. Sarla Thakral

Sarla Thakral primer mujer que coló un avión en la India
Fue la primer mujer de India en volar, además obtuvo una licencia de piloto en aviación en el año de 1936. Y a sus 21 años voló sola a Gypsy Moth.
15. Annette Kellerman
Annette Kellerman primer mujer en ponerse un traje de baño de una sola pieza
En 1907 promovió el derecho de las mujeres para usar un traje de baño de una sola pieza, por lo que fue arrestada por indecencia.

16. Mary Winson Holding

Mary Winson Holding protestante a favor de los presos en Washington
Ayudó a los presos de Banner en Washington D.C. en 1917

17. Ana Aslan

Ana Aslan considera la pionera en Gerontología y Geriatría.
Rumana considerada la pionera en Gerontología y Geriatría.

18. Bertha von Suttner

Bertha von Suttner primer mujer en recibir el Premio Nobel de la Paz
Fue la primer mujer activista en recibir el Premio Nobel de la Paz.

19. Suu Kyi

 Suu Kyi mujer que estuvo bajo arresto domiciliario por 15 años
Estuvo bajo arresto domiciliario por 15 años por las precampañas de la democracia.

20. Marina Ginestá

 Marina Jinesta, miembro de la juventud comunista catalana
Fue una veterana francesa de la Guerra Civil Española. Éste es su cuadro más famoso en el techo del Hotel Colón en Barcelona, el 21 de julio de 1936.

21. Gertrude Caroline Ederle

 Gertrude Caroline Ederle primer mujer en cruzar nadando el canal inglés
Fue la primer mujer en cruzar nadando el Canal Inglés, en 1926.

22. Sarmiza Bilcescu

Sarmiza Bilcescu es la primer mujer europea en conseguir una licenciatura y doctorado en Derecho por la Universidad de París
Fue la primer mujer de Europa licenciada en Derecho por la Universidad de París, y la primera en el mundo en conseguir un Doctorado en Derecho.

23. María Teresa de Filippis

María Teresa de Filippis es la primer mujer piloto en la Formula 1
En el año de 1958 fue la primer mujer piloto de la Formula 1

24. Florence Nightingale

Florence Nightingale
Fue la primer enfermera en enseñar el saneamiento básico a los pacientes Betwn.

25. Leola N. King

Leola N. King primer mujer transito en Estados Unidos
Fue la primera mujer encargada del tráfico en Washington DC, en 1918.

26. Chicas entregando hielo

Chicas entregando hielo el 16 de septiembre de 1918
Trabajo pesado que antes pertenecía sólo a los hombres, 16 de septiembre de 1918.

27. Stephanie Kwolek

Stephanie Kwolek invento el Kevlar
Inventó el Kevlar (fibra artificial, ligera, robusta y con gran resistencia al calor).

28. Milunka Savic

Milunka Savic es una heroína guerrera de Serbia
Fue una guerrera y heroína serbia, la cuál pudo ser la mujer combatiente más decorada.

29. Hattie Larlham

Hattie Larlham pionera en la Atención Especializada para el Desarrollo de niños discapacitados
Es la pionera en la Atención Especializada para el Desarrollo de niños discapacitados.

30. Mileva Maric

Mileva Maric matemática Serbia y fue la primera esposa de Albert Einstein.
Fue una matemática Serbia y la primera esposa de Albert Einstein. Digna de su Premio Nobel.

jueves, 4 de enero de 2018

ADA BLACKACK, LA MUJER QUE PASÓ DOS AÑOS EN UNA ISLA DESIERTA DEL ÁTICO



Retrato de estudio de Ada/Foto: Timeline
Cuando alguien piense que está pasando una dura experiencia en su vida no tiene más que echar un vistazo a la Historia para descubrir muchos casos de gravedad tal que probablemente dejarán esa vivencia en algo anecdótico. Lo que sabemos de la vida de Ada Blackjack es un buen ejemplo: dos hijos muertos, el tercero dejado en un orfanato, divorcio, un tiempo en la indigencia y el intento de salir de todo eso embarcándose en una aventura que termina en desastre, pasando dos años en una isla abandonada del Ártico.

Ada, además, tenía la desventaja extra de ser nativa americana, en una época en la que esa condición equivalía a marginación. Pertenecía al pueblo iñupiat, emparentado con los inuit -ambos proceden de la cultura Thule- y repartido por la costa pacífica de Alaska, desde el Estrecho de Bering hasta la frontera con Canadá. Originariamente eran cazadores-recolectores que se trasladaron al continente desde las islas que salpican esa zona hacia el año 1000 a.C.

Distribución de los pueblos indios de Alaska, cono los iñupiat en el norte/Imagen: Pinterest

Los iñupiat se desperdigaron por Alaska después de ser presa de una epidemia, seguramente introducida por los balleneros estadounidenses y europeos que faenaban en aquellas aguas. Unas tribus se asentaron en sitios fijos con iglús como viviendas, mientras que otras conservaban el nomadismo. En general, vivían de la caza y la pesca, sin descartar ninguna pieza: focas, morsas, caribúes, cetáceos, osos, aves, peces… También recogían raíces y brotes, practicando, en suma, una economía de subsistencia.
Ada Deletuk, tal era su nombre de soltera, nació en 1898 en Solomon, minúscula comunidad creada a partir de un poblado de la tribu Fish River que luego se transformó en campamento minero y a principios del siglo XX terminaría deviniendo en un pueblo cuyos habitantes se podían contar con los dedos de una mano. Pese a ser india, no tuvo el aprendizaje típico (caza, supervivencia), pues fue criada por misioneros metodistas que, como era preceptivo, le enseñaron educación religiosa, a coser y cocinar; todo en lengua inglesa, pues se castigaba a los niños para que no hablaran sus dialectos nativos. No permaneció mucho en aquel lugar tan poco prometedor y se mudó a la vecina ciudad de Nome.
Tampoco es que Nome fuera grande (aún hoy apenas sobrepasa los tres millares y medio de habitantes), pero allí entró en una nueva y esperanzadora etapa de su vida al encontrar un marido con apenas dieciséis años. Sin embargo no tuvo suerte; como decíamos al comienzo, tuvieron tres hijos de los que sólo sobrevivió uno y el matrimonio terminó en abandono por parte de él. Ada se quedó con sus nuevos apellidos, Blackjack Johnson, y un niño superviviente, Bennett, al que se vio obligada a dejar en una institución de forma temporal porque estaba enfermo de tuberculosis y no podía mantenerlo ni pagar su tratamiento.
En 1921 intuyó que llegaba su gran oportunidad cuando la contrataron para la expedición que el explorador y etnólogo Vilhjalmur Stefansson organizaba a la Isla de Wrangel. Stefansson era hijo de emigrantes islandeses pero había nacido en Gimli, Manitoba, por lo que tenía la nacionalidad canadiense; ahora bien, nunca olvidó sus raíces hasta el punto de que ya de adulto se cambió el nombre verdadero que le habían dado sus padres para integrarlo, William Stephenson, por el otro, de resonancia islandesa más evidente .
Vilhjamur Stfensson/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Estudió antropología en Harvard, donde llegó a ser profesor, y en 1905 se lanzó a su primer viaje de investigación arqueológica en Islandia para, después, convivir con los inuit del delta del río Mackenzie y adquirir experiencia suficiente como para protagonizar otras expediciones más por el Ártico, ganándose el apodo de Esquimal Rubio. Los polos eran la moda a principios del siglo XX, una vez que los misterios de África ya habían sido prácticamente desentrañados.
Cuando planeó su nueva aventura de 1921 venía de cosechar un sonoro fracaso en lo que se había bautizado como Canadian Arctic Expedition 1913-1916, ya que uno de los barcos empleados, el Karluk, quedó atrapado en el hielo y fue aplastado por éste. Stefansson se libró porque había salido de caza pero aquella misión terminó con la muerte de once hombres -entre ellos uno que había estado con Ernest Shackleton- en diversas circunstancias, lo que repercutió en su reputación. Así pues, ahora tenía la oportunidad de redimirse.
Momento en el que Stefansson deja el Karluk para ir de caza/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El objetivo era llegar a la Isla de Wrangel y colonizarla, reclamando su soberanía para Canadá. Eran unos siete millares y medio de kilómetros cuadrados de tierra desolada y cubierta de tundra situada en el meridiano 180º, a ciento cuarenta kilómetros de la costa de Siberia, en el Estrecho de De Long. Aunque había sido avistada desde el siglo XVIII y bautizada por un ballenero norteamericano en 1867 en honor de su principal explorador, el ruso Ferdinand von Wrangel, pertenecía a Rusia desde que la reclamó en 1916.
Algunos de los náufragos del Karluk quedaron abandonados allí durante nueve meses y tras su rescate, al percatarse de que no había nadie en todo el territorio insular, Stefensson tuvo la idea de ocuparlo de facto para su país. Como el gobierno no colaboró, le ofreció la empresa a Gran Bretaña, que también la rechazó para evitar un incidente internacional con Moscú. Sin embargo, Stefensson no se rindió y continuó adelante esperando triunfar por la política de hechos consumados, si bien esta vez se limitó a planificar y financiar el proyecto, dejando su dirección en manos de otro explorador, Allan Crawford.
Localización del Mar de Chukchi y la isla de Wrangel/Imagen: NormanEinstein en Wikimedia Commons

Tampoco es que tuviera visos de éxito, viendo que el plan consistía en enviar sólo cinco colonos para que se asentaran: tres estadounidenses, Lorne Knight, Milton Galle y Fred Maurer (que reincidía, pues era uno de los supervivientes del Karluk); un canadiense, el citado Crawford; y una iñupiat, Ada. Ellos fueron seleccionados por su experiencia en el Ártico y su formación académica científica pero el mayor sólo tenía veintiocho años, por diecinueve el más joven; ella iba como cocinera y costurera. Zarparon a bordo del Silver Wave, atravesaron el Mar de Chukchi y desembarcaron en Wrangel el 15 de septiembre de 1921.
Pero, al igual que la anterior, la expedición reveló estar mal planificada y equipada, con provisiones para sólo seis meses. Cuando las agotaron no pudieron suplirlas con caza, tal como estaba previsto, porque llegó el invierno y las condiciones metereológicas fueron adversas; además los animales eran más escasos de lo esperado en aquel medio tan hostil, disponiendo sólo de tiendas de lona para protegerse del frío y las ventiscas, ya que la goleta Teddy Bear, que debía llevarles materiales de construcción en 1922, tuvo que dar media vuelta al no poder avanzar por el mar helado.
Los cinco miembros de la expedición, con Ada en el centro/Foto: Timeline
La situación se volvió dramática y el 28 de enero de 1923 tres de los hombres decidieron intentar llegar a Siberia en busca de ayuda; para ello tenían que cruzar el Mar de Chuckchi a pie, sobre su superficie congelada. Era un intento casi suicida y, en efecto, nunca más se volvió a saber de ellos. Lorne Knight, que estaba enfermo de escorbuto, se había quedado bajo los cuidados de Ada, a la que trató con bastante desconsideración. Finalmente murió el 23 de junio.
Ella, que a sus ocupaciones había tenido que añadir la de enfermera -con paciencia infinita-, leñadora y cazadora, se quedó completamente sola en una isla desierta sin comida, con la única compañía de Victoria, una gata. Pero Ada era iñupiat, al fin y al cabo, y se las arregló para sobrevivir en aquellas extremas condiciones de hambre y congelación durante un par de meses más.

El precario campamento levantado en Wrangel/Foto: Atlas Obscura
Tuvo que tirar de ingenio. Por ejemplo, el suelo estaba tan duro por el hielo que no pudo excavar una tumba para Knight y optó por construir una especie de armario sobre el cadáver para evitar a los depredadores y aislarse del hedor de la putrefacción; o se vio obligada a cubrir su propia cama con un armazón de madera para dormir a salvo de los osos. También colocaba trampas para zorros, levantó una torre de observación, fabricó un primitivo bote con vela sacada de la lona de las tiendas e intentó sacar fotografías con la cámara del equipo.
Así hasta que el 19 de agosto arribó el Donaldson, un barco capitaneado por Harold Noice, antiguo colaborador de Stefansson, que la trajo de vuelta. Los marineros dijeron que, según su primera impresión, Ada se las había arreglado magníficamente y hubiera podido aguantar un año más. Ella adujo que lo hizo siempre por su hijo, la perla que faltaba para verse envuelta en una ola de cierta fama.

Artículo de prensa contando la odisea de Ada/Imagen: PassingThru
Fue objeto de reportajes y entrevistas en las que era llamada la Robinson Crusoe femenina o se comparaba su aventura con la novela de Julio Verne Dos años de vacaciones, en la que un grupo de muchachos naufragan y pasan ese tiempo en una isla desierta saliendo adelante con sus propios recursos. Stefansson y Noice explotaron a conciencia la historia para ganar dinero publicando libros y, el segundo, aprovechó para tratar de tapar su responsabilidad en aquella nueva chapuza de viaje que había levantado fuertes críticas en la opinión pública.
A ella, todo aquel montaje no le reportó beneficio alguno y únicamente cobró el salario de su contrato (cincuenta dólares mensuales, para ella una cifra enorme) y lo que obtuvo por la venta de las pieles reunidas en Wrangel. Pero fue suficiente para recuperar a su hijo y llevarlo a Seattle, donde pudo pagar un tratamiento médico para su enfermedad y lograr así que Bennett viviera hasta 1972.
En la ciudad se casó de nuevo y tuvo otro vástago, Billy. Más tarde, en medio de algunas difamaciones sobre que le había dispensado un trato inadecuado a Lorne Knight, decidió apartarse de todo y regresar a su tierra natal. El 29 de mayo de 1983, con ochenta y cinco años y sin apenas recursos económicos, dejo de regatear a la muerte: falleció en Palmer, en una institución benéfica llamada Alaska Veterans & Pioneers Home; está enterrada en Anchorage, junto a Bennett.

Los inuits deportados, a bordo del Krasny Oktyabr/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Como epílogo, decir que el barco que la rescató dejó en la isla a otros trece colonos, doce inuits (luego nacería otro in situ) bajo el mando del estadounidense Charles Wells. Fue por poco tiempo; en 1924 la Unión Soviética envió al buque Krasny Oktyabr para desalojarlos y fundar un asentamiento permanente. Wells murió de neumonía en Vladivostok y los inuits fueron deportados a China para su traslado a Alaska. Como no había fondos para costear el viaje, el cónsul estadounidense en Harbin los rechazó aduciendo que no eran ciudadanos de EEUU y al final tuvo que hacerlo la Cruz Roja.

Fuentes: Ada Blackjack. A true story of survival in the Arctic (Jennifer Niven) / Marooned in the Arctic. The true story of Ada Blackjack, the “Female Robinson Crusoe” (Peggy Caravantes) / Stefansson and the Canadian Arctic (Richard Diubaldo) / Wikipedia