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miércoles, 20 de septiembre de 2017

MANUSCRITO DE BAKSHALI: EL PRIMER REGISTRO DEL CERO ( siglo III)


marcador cero manuscrito bakhshali
El concepto y valor asociado del símbolo matemático “cero” se utiliza en todo el mundo como un pilar numérico fundamental. Sin embargo, su origen ha sido hasta ahora uno de los mayores enigmas del campo.
Científicos de la Biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford, han utilizado la datación por carbono para trazar los orígenes de la figura en un antiguo manuscrito indio: el Manuscrito de Bakhshali. El texto se remonta al siglo III, convirtiéndolo en el uso registrado más antiguo de este símbolo.

La investigación fue solicitada a la Biblioteca Bodleiana, en donde se encuentra el manuscrito desde 1902. Su importancia radica en el uso de centenares de ceros y este hallazgo marca el nacimiento del “cero” 500 años antes de lo que se pensaba hasta ahora.

El símbolo cero.
El concepto del símbolo tal y como lo conocemos ahora, comenzó con un simple punto que fue ampliamente utilizado como un “marcador de posición” para representar órdenes de magnitud en el antiguo sistema de números indios.
El primer ejemplo registrado del uso del cero se situaba, hasta ahora, en una inscripción del siglo IX en la pared de un templo en Gwalior, Madhya Pradesh.

Aunque una serie de culturas antiguas, incluyendo a los antiguos mayas o babilonios, también utilizaron el marcador de posición cero, el uso del punto en el Manuscrito Bakhshali es el que finalmente evolucionó en el símbolo que utilizamos hoy en día.

India es también el lugar donde el marcador de posición simbólico se convirtió en un número por derecho propio y nació el concepto de la cifra cero tal y como existe hoy en día.

Marcus du Sautoy, profesor de matemáticas de la Universidad de Oxford, dijo: “Hoy damos por sentado que el concepto de cero se utiliza en todo el mundo y es un elemento clave en el mundo digital. Pero la creación de cero como un número por derecho propio, que evolucionó a partir del símbolo de punto que se encuentra en el Manuscrito de Bakhshali, fue uno de los mayores avances en la historia de las matemáticas“.
Ahora sabemos que ya en el siglo III, los matemáticos de India plantaron la semilla de la idea que más tarde se volvería tan fundamental para el mundo moderno. Los hallazgos muestran cuán vibrantes han sido las matemáticas en el subcontinente indio durante siglos“, añadió.

Hallazgo del Manuscrito de Bakhshali.
El Manuscrito de Bakhshali fue encontrado en 1881, enterrado en un campo en lo que entonces era un pueblo indio llamado Bakshali, ahora en Pakistán. Es ampliamente conocido como el texto matemático indio más antiguo aunque la edad exacta del texto ha sido centro de disputas durante años.
El estudio académico más concluyente sobre el tema fue realizado por el Dr. Hayashi Takao y, sobre la base de factores como el estilo de escritura y el contenido literario y matemático, afirmó que probablemente datada de entre el siglo VIII y el XII.
La nueva datación por carbono revela la razón por la que era tan difícil señalar la fecha del manuscrito: posee 70 páginas muy frágiles en corteza de abedul, y se compone de material de por lo menos tres períodos diferentes.

martes, 19 de septiembre de 2017

CONATO DE CONQUISTAR CHINA (XVI)


Cuando los españoles planearon conquistar China en el siglo XVI, con ayuda de portugueses y japoneses




Ataque a la Gran Muralla / foto Shutterstock
Al hablar del imperio español es frecuente centrar la atención en Europa y América, quedando Asia y Oceanía en un segundo plano, quizá por la atomización de ese territorio. Tan sólo Filipinas parece alcanzar cierta importancia, a pesar de que España consiguió retener este archipiélago y otros de esa parte del mundo hasta 1898, cuando en los dos continentes señalados al principio ya sólo conservaba Cuba y Puerto Rico. Debido a esa postergación, ha pasado en parte desapercibido que durante el reinado de Felipe II se planteó seriamente la conquista de China y el rey tuvo sobre la mesa varios planes de invasión.
La idea de intentar entrar en aquel misterioso pero sugestivo país era antigua y ya en tiempos de Carlos V se sugirió alguna expedición en esa dirección. De hecho, en una fecha tan temprana como 1526 y de mano del mismísimo Hernán Cortés. El exitoso conquistador de México escribió una carta al Emperador en la que solicitaba autorización para dirigir una expedición a través de la Mar del Sur, es decir, el océano Pacífico, descubierto por Núñez de Balboa trece años antes.
Cortés no se refería exclusivamente a China sino que la mencionaba junto a Malaca o alguna otra de las islas especieras de esa región con el objetivo de no depender comercialmente de Portugal, pero es inevitable establecer un paralelismo con lo que pasó en el Nuevo Mundo a caballo entre los siglos XV y XVI: se empezó ocupando La Española y Cuba y de ahí habían saltado al continente derrotando al imperio mexica para expandirse luego por otras zonas.

Hernán Cortés (anónimo)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Sin embargo, desde aquella misiva pasaron tres décadas y hubo que esperar a 1564, cuando Miguel López de Legazpi, ya con Felipe II ostentando la corona, atravesara casi quince mil kilómetros de agua con cinco naos y medio millar de hombres para descubrir y establecerse en aquel archipiélago formado por más de siete mil islas al que bautizó con el nombre del monarca, el mismo en cuyo reinado ya no se ponía el sol, gracias precisamente a aquel episodio.
Portugal no lo aceptó de buen grado y en 1568 atacó Cebú obligando a trasladar la capital a la más segura bahía de Manila; aún así, también ésta sufrió los rigores propios de la época cuando en 1574 una gran flota de piratas chinos la arrasó. Quizá fue esa incursión una de las causas que decidieron a los funcionarios virreinales locales a pensar hacerse con China e imponer una pax hispánica en aquellas latitudes.
Legazpi escribió al Rey “Si su Magestad pretende la China, que saquemos ques tierra muy larga rica y de gran población, que tiene ciudades fuertes y muradas, muy mayores que las de Europa, tiene necesidad primero de azer asiento en estas yslas”.
Lo cierto es que en 1569 el fraile Martín de Rada, que conocía bien el sistema político chino porque tuvo en su monasterio a un comerciante de esa nacionalidad refugiado del monzón, escribió una carta al Virrey de Nueva España (Filipinas estaba integrada administrativamente en dicho virreinato) planteando por primera vez documental y específicamente la ambiciosa empresa con el argumento de que se trataba de un imperio rico y civilizado frente a la pobreza de aquellas islas y explicando que no sería empresa difícil porque los chinos no eran guerreros, al basar su fuerza sólo en el número de soldados y sus fortificaciones.
Lo mismo que había escrito Legazpi: “La gente de China es nada belicosa, y toda su confiança esta en la multitud de la gente y en la fortaleça de la muralla, la qual sería su degolladero si se les tomase alguna guerra y asi creo que mediante Dios fácilmente y no con mucha gente serán sujetados”.

Monumento a Legazpi en su localidad natal/Foto: Zarateman en Wikimedia Commons

El religioso veía en la operación militar la única manera de llevar la palabra de Dios a aquel país, ya que hasta entonces sólo se había podido establecer una misión jesuita en Macao -colonia portuguesa- sin que se permitiera a los misioneros penetrar en el interior. Los jesuitas aceptaron esa situación porque su estrategia proselitista era a largo plazo, lenta, al basarse en el aprendizaje de lengua y costumbres locales para ganarse la confianza de los habitantes y de sus dirigentes.
Pero Rada era agustino y prefería una evangelización rápida, al igual que los dominicos. China era demasiado prometedora como para esperar y al tener un alto grado de civilización el cristianismo arraigaría sin problemas, como poco después confirmaría el franciscano Pedro de Alfaro en Cantón; sólo hacía falta apoyo militar para asegurar la integridad de los misioneros en un primer momento.
El Virrey no fue muy receptivo pero cuatro años más tarde Diego de Artieda retomó la idea proponiéndosela directamente al rey en un informe: las Filipinas rendían muy poco y era preferible abandonarlas para centrarse en China (“…pues me aflige ver tantos dineros gastados en una tierra que no puede tener ningún beneficio”), a la que presentaba como muy superior en cuestión económica.
Él mismo se ofrecía a encabezar una expedición de exploración para reconocer la costa y obtener información para un plan posterior; sólo necesitaba un par de naos de no más de doscientas cincuenta toneladas cada una. Lo que sí había hecho el Virrey fue encargarle a otro marino, Juan de la Isla (uno de los capitanes de Legazpi), una exploración por las costas chinas en 1572 con la aprobación de Felipe II, entonces eufórico por su victoria en Lepanto.
Si Rada hacía hincapié en la evangelización, Artieda se centraba en la obtención de riquezas, sintetizando entre ambos los dos pilares que caracterizaron las conquistas españolas. Resultó además que los jesuitas de Macao empezaron a ver con temor la posibilidad de que España iniciara la aventura conquistadora y ellos fueran desplazados, así que algunos se avinieron a pedir lo mismo a su Corona.
El punto de mira ibérico se dirigía pues a Extremo Oriente y a su fabulosa abundancia de tierras fértiles (frente a los desiertos que se estaban explorando en Nueva España o las selvas filipinas), propicias para encomiendas productivas, así como para un comercio desarrollado, al contrario de aquel tan limitado que se había hecho con los indios; y es que, en efecto, con los chinos se estableció una compra-venta de productos de lujo como la seda pero también de otros de importancia tan grande como el azúcar, el algodón o la cera, a cambio del metal precioso que más apreciaban allí, la plata.
Entonces, en 1575, el embajador chino en Manila, Wang Wangoa, obtuvo la promesa española de que le entregarían vivo o muerto al pirata Lin Feng, azote de su litoral y del filipino. A cambio se llevó a unos diplomáticos hispanos a su país para buscar un lugar donde establecer un asentamiento comercial como el que tenían los portugueses en Macao. El sitio elegido fue la costa de Fujian, a donde viajaron Rada y otro fraile llamado Jerónimo de Martín protegidos por un pequeño destacamento mandado por el asturiano Miguel de Luarca. El problema fue que no hubo forma de atrapar al escurridizo Lin Feng y además el nuevo gobernador de Filipinas, Francisco de Sande, se portó con los chinos sin el más mínimo tacto, irritándoles y haciendo que expulsaran a Rada y los demás de Fujian.
Eso debió decidir a Sande a que al año siguiente enviara un despacho a Madrid detallando qué requisitos harían falta para una conquista de aquella envergadura. No eran exigencias muy grandes, teniendo en cuenta los condicionantes y el tamaño de China: de cuatro a seis mil hombres del virreinato -o del de Perú- embarcados en una flota de galeras construidas en el archipiélago mismo y una alianza con corsarios orientales, fácil de conseguir ante la perspectiva de botín. Las tropas desembarcarían en alguna de las provincias chinas ocupándola con facilidad porque el pueblo llano carecía de armas, de manera que con sólo doscientos soldados se podía tomar una ciudad de treinta mil. Luego, al ver las bondades de la administración hispana y la religión católica, los habitantes se unirían a ellos para derrocar a la dinastía Ming.


Asalto de Lin Feng a Manila (por juanito Torres)/Imagen: Great Ming Military

Francisco de Sande completaba su misiva puntualizando que la operación no sería costosa económicamente, pues él costearía el equipamiento de la tropa y en vez de paga se la remuneraría con derecho a botín y posteriores mercedes, tal cual se había hecho en el Nuevo Mundo. Tan sólo necesitaría que se le enviasen especialistas artesanos, como carpinteros de ribera, artilleros, herreros, marinos profesionales y similares. Lo cierto es que la visión de Sande sobre los chinos no era muy rigurosa, describiéndolos como cobardes, arrogantes, supersticiosos, borrachos, lujuriosos y sumisos: “Es gente muy mala, somáticos (…) son todos tiranos, en especial los mandadores, que estos afligen mucho a los pobres”. Sorprende que dijera también que apenas se atrevían a montar a caballo pese a su gran cabaña equina.
Pero el rey tampoco dio su aprobación. En realidad las enormes distancias entre Manila y Madrid podían significar hasta cuatro años de demora entre ida y vuelta, lo que conllevaba un doble peligro: hacer perder actualidad a cualquier cuestión estratégica y provocar que, en caso de dar el visto bueno y resultar mal, dar marcha atrás fuera muy difícil. Eso supondría una situación de altísimo riesgo, teniendo en cuenta que las finanzas de la Corona eran un desastre. Felipe II había tenido que declarar la bancarrota al poco de subir al trono, en 1557, y justo en 1576 estaba de nuevo en plena quiebra, más grave aún que la anterior (y aún habría una tercera en 1596).
Ahora bien, la razón del monarca para rechazar el plan era otra: “No tengo ninguna razón para que la ambición me impulse a adquirir más reinos o estados” escribiría más tarde, “… porque Nuestro Señor en su bondad me ha dado tanto de todas estas cosas que estoy contento”. O sea, bastante tenía con conservar los territorios heredados de su padre y ocuparse de los frentes abiertos ya, especialmente teniendo en cuenta la apurada situación de las arcas reales y la sempiterna escasez de población peninsular, que aunque todavía no llegaba a la catástrofe demográfica de reinados posteriores ya empezaba a pesar. China no representaba una amenaza y, por tanto, no había motivo para alterar el statu quo mundial abriendo una puerta que quizá luego no se pudiese cerrar.

Felipe II en 1565 (por Sofonisba Anguissola)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Por otra parte, Felipe II accedió al trono portugués en 1580 debiendo afrontar bastante oposición en ese país. Una intervención en Asia del calibre propuesto hubiera levantado ampollas en la corte lusa ante la posibilidad de que la colonia de Macao pasara a manos españolas y con ella el lucrativo comercio de especias y otros productos que mantenía también con Japón. Para el rey era más importante asegurarse la fidelidad de Portugal que arriesgarla en la campaña china.
Así, a Sande se le devolvió su memorial con unas anotaciones al margen del secretario real en la que se ordenaba mantener relaciones amistosas con los chinos, no provocar ningún incidente con ellos y evitar alianzas con piratas. El escritor y soldado Bernardino Escalante, en su Discurso de la navegación, también criticó la idea sosteniendo que sería más práctico llevar una embajada. El gobernador no se resignó y siguió insistiendo con otra carta enviada en mayo de 1579 y recibida en Madrid dos años después que ni el monarca ni el Consejo de Indias contestaron.
Pero no por eso cesaron las instancias pidiendo la conquista. Y no sólo desde Asia porque, por ejemplo, Diego García de Palacio, oidor de la Audiencia de Guatemala, también escribió al Rey en 1578 con la sugerencia de embarcar en media docena de galeras a cuatro mil hombres y navegar hasta China, pidiendo que le enviasen bronce para fabricar cañones.
Asimismo, los sucesivos sustitutos de Sande, Gonzalo Ronquillo de Peñalosa y Santiago de Vera, redactaron un plan más detallado que obtuvo la aprobación entusiasta de las autoridades de Manila, tanto las políticas como las militares y las religiosas. Como fuerza expedicionaria se requerían los cientos de soldados españoles destacados en Filipinas más un refuerzo de doce mil enviados desde España y cinco o seis mil nativos auxiliares, a los que habría que sumar otros diez o doce mil japoneses que reclutarían los jesuitas. En total unos veinte o veinticinco mil hombres entre los que habría contingentes portugueses para que fuera una campaña común. El número de efectivos, que doblaba el previsto antes, tenía como objetivo abrumar al enemigo y provocar su sometimiento evitando un derramamiento de sangre que despoblara el país, como había pasado con los taínos de Cuba.





Soldados españoles: piquero, mosquetero y arcabucero (por Richard Hook)/Imagen: Foro Militar General

Se calculaba que además del armamento personal de cada soldado era necesario un complemento de quinientos mosquetes, cuatro mil picas, mil caballos, un millar de morriones y borgoñotas y un número no especificado de arcabuces. Se fabricaría artillería de sitio en cuatro fundiciones, así como otra maquinaria bélica. No hacían falta balas ni pólvora extra porque se podrían conseguir en la propia China más baratos, como pasaba con los proyectiles de cañón, que allí costaban sólo dos o tres reales frente a los ocho o diez de España. En cambio sí convenía el envío de doscientos mil pesos para pagar a los mercenarios japoneses y cubrir los diversos gastos, así como telas para vestir a los soldados y objetos de lujo (terciopelo, artesanías, pinturas, vino…) para sobornar a los mandarines.
El variopinto ejército se embarcaría en naves de alto bordo construidas en la desembocadura del río Cagayán -por lo que se reclamaba el envío desde la portuguesa colonia de Goa, en la India, de ingenieros navales, tripulaciones y aparejos- y llegaría a China en dos jornadas (en realidad harían falta otras dos, teniendo en cuenta que había que salvar setecientos kilómetros de mar), arribando a la provincia de Fujian para coincidir con el avance que habían hecho los portugueses del capitán Matías Panela desde Macao hacia Guangdong, formando una pinza que caería sobre Pekín. Estaba previsto dejar activa la administración de los Ming para mantener el orden.
El principal problema para todo esto era la necesidad de tomar ya una decisión, pues los chinos se volvían cada vez más suspicaces y lo que se podía haber conseguido fácilmente y sin pérdidas en tiempos de Sande ahora ya requería mayor esfuerzo, siendo peor en el futuro. El memorándum, firmado por medio centenar de notables de Manila, fue llevado a España por el jesuita Alonso Sánchez, que llegó año y medio después.
Mal momento porque la atención estaba centrada en los Países Bajos e Inglaterra. El desastre de la Armada Invencible en 1588 puso punto final a la cuestión china y el mismo Sánchez fue reconvenido por sus superiores por involucrarse en ese plan.
Es curioso reseñar que, al igual que el protagonizado por Bartolomé de Las Casas, Ginés de Sepúlveda y Francisco de Vitoria décadas antes respecto a América, se desarrolló un debate teológico-jurídico sobre el derecho a lo que Alonso Sánchez había llamado “la mayor empresa que se ha propuesto jamás a los monarcas del mundo”.

Batalla de la Felicísima Armada contra la flota inglesa (anónimo)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Quedaría preguntarse si un ejército de veinticinco mil hombres tenía posibilidad de conquistar aquel vasto país. Desde la mentalidad española de la época la respuesta es rotundamente afirmativa y ahí estaban los casos de Cortés y Pizarro. Cierto que el nivel de desarrollo tecnológico de la China Ming era muy superior al de las civilizaciones americanas -de hecho era casi equiparable al europeo-, pero aparte de que los españoles del siglo XVI tuvieran en su subconsciente un convencimiento de imbatibilidad que procedía ya de los últimos siglos de la Reconquista, el poder militar chino dejaba bastante que desear. Sí, contaba con un descomunal número de soldados -entre dos y cinco millones- pero en su mayor parte eran campesinos en armas, carentes de entrenamiento y disciplina; en la práctica sólo se podía reunir una décima parte y con enorme lentitud.
Buen ejemplo de ello fueron las invasiones mongolas de mediados del siglo XVI, que rebasaron con relativa facilidad las defensas chinas y con su rapidísima movilidad llegaron hasta Pekín mientras los chinos apenas pudieron reunir cincuenta mil hombres. Cinco años después un par de barcos piratas se pasearon por la costa sudoriental y desembarcaron llegando tranquilamente hasta Nanjing, saqueando todo lo que encontraron por el camino durante tres meses y aplastando a los ciento veinte mil efectivos reunidos para hacerles frente.

Wanli, el emperador Ming de aquel período/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Por tanto, el contingente hispano-portugués y sus aliados nipones seguramente hubieran podido llegar muy lejos porque su reducido tamaño le otorgaba gran dinamismo. Quizá hasta Pekín incluso, aunque para entonces las enfermedades típicas habrían mermado su número, las enormes distancias les alejarían de la costa (por tanto de abastecimientos, refuerzos y vía de escape), y la imposibilidad de encontrar aliados locales (como si hubo en América) comprometería su futuro.
En cualquier caso, aún cuando una conquista fuera posible, otra cosa era mantenerla. La idea fue olvidada, pues (aunque los japoneses sí la intentaron poner en práctica en 1592 en el contexto de las Guerras Imjin pero con un plan diferente que salió mal), siendo sustituida por la de Camboya, un reino igual de rico aunque más débil y asequible. Se envió una expedición en 1596 sin autorización real con sólo cuatrocientos hombres (ciento veinte españoles más nativos filipinos y mercenarios japoneses); mal planificada y dirigida, fracasó. 

lunes, 18 de septiembre de 2017

LOS ETRUSCOS


DESCUBRE TODO SOBRE LOS ETRUSCOS – ORIGEN, HISTORIA, CULTURA Y ECONOMÍA




Del Imperio Romano, mucho o poco todos estamos familiarizados, sabemos localizarlos en el tiempo e incluso conocemos los nombres de muchos emperadores. Sus obras civiles como fueron las carreteras, calles, obras hidráulicas, todos tenemos muy claro el avance que supuso el Imperio Romano para la historia. Pero cómo llegaron los romanos a desarrollar todas esas habilidades, como de la nada consiguieron una sociedad organizada y estructurada. Para contestar a esta pregunta hemos creado este artículo, como habéis podido adivinar los responsables fueron los Etruscos, vamos a intentar aclarar cuales fueron sus orígenes, su historia, su cultura y por supuesto su economía. Un viaje apasionante a través de la historia que nos permitirá conocer y saber mucho más de nuestros orígenes.
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Los Etruscos | Orígenes

El origen del pueblo Etrusco a día de hoy todavía es incierto, sabemos que se asentaron en la península itálica, en torno al siglo XIII a.C, eligiendo la zona central y llegando a extenderse desde el Valle del Po hasta el golfo de Nápoles.
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Compartieron territorio con otras civilizaciones como fueron los Vénetos, los Umbros o los Samnitas. Su máximo esplendor lo vivieron en torno al siglo VII a. C., legándonos una gran cantidad de restos arqueológicos, donde se han podido estudiar su forma de vida, su cultura y sus costumbres.
El declive de la civilización etrusca lo podemos situar en el siglo III a.C., siendo su último rey Tarquinio el Soberbio, cuando un nuevo imperio comenzaba a gestarse, un nuevo imperio que no partió de “0”, sino como veremos más adelante, aprovechó todos los conocimientos de una sociedad como la etrusca, para mejorarla y convertirse, así en un Imperio que regiría gran parte de los destinos del mundo conocido durante los siguiente siglos, El Impero Romano.
Herodoto
Herodoto
Los orígenes como hemos comentado anteriormente, no están muy claros ya que no se han encontrado ningún testimonio literario que nos pueda esclarecer sus orígenes. Los datos que nos han llegado a sido a través textos basados en leyendas como el de Herodoto o Tito Livio quién se empeñó más en resaltar el carácter patriótico introduciendo, quizás algunas florituras literarias.
Básicamente existen 3 teorías sobre el origen del pueblo etrusco:
  • Teoría oriental. Es la defendida en los textos de Herodoto quién sitúa los orígenes en Asia Menor, concretamente en la región de Lidia. Un grupo de expedicionarios procedentes de esa región, encabezada por Tirreno, buscaba lugares nuevos donde asentarse, huyendo de una terrible hambruna que sacudía la región. Según este relato basado en una leyenda lidia, Tirreno se asentó en la región de los Umbros, donde fundaron ciudades y cambiaron su nombre de Lidios por Tirrenos, en honor al caudillo que les llevó a sus nuevos territorios.
Región de Lydia, Turquía
Región de Lydia, Turquía
  • Civilización Autóctona. Esta es la teoría defendida por Dionisio de Halicarnaso, donde la civilización etrusca es el resultado de la evolución de asentamientos anteriores, luego su procedencia la sitúa en la Península Itálica. Realmente no existen vestigios de una cultura oriental previa como cabría de esperar si su origen lo situásemos en Asia Menor
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  • La teoría más defendida a día de hoy sería una conjunción de las dos anteriores, posiblemente se tratara de un pueblo que se había visto obligado a emigrar y se establecieron en la zona central de la Península, donde pudieron recibir influencias de asentamientos cercanos, pudiendo hacer una mezcla de ambas culturas, la mediterránea y la asiática con lo bueno y lo malo de cada una de ellas.
arte etruscoSi tenemos en cuenta, que en la época de Dionisio de Halicarnaso, los vestigios culturales que podían tener connotaciones asiáticas, se encontraban todavía sin descubrir. Siglos después sería encontrados en diferentes excavaciones.
El pueblo etruscos dio sus últimos coletazos en el siglo V a.C. En este tiempo los etruscos ya estaban muy debilitados por las contiendas constantes que mantenían tanto con los griegos como con los cartagineses. Sin embargo, fue el Imperio Romano quien le dio a los etruscos el golpe de gracia.
Fundación de Roma
Fundación de Roma
En realidad, cabe decir que los etruscos nunca fueron una civilización realmente cohesionada, ni que tuvieron una organización comercial o militar sólida, sino mas bien una agrupación casi independiente de ciudades medianas con aspectos sociales, culturales y comerciales comunes.

Los Etruscos | Organización Política y Social

El sistema político y social de la civilización etrusca tenemos que plantearlo desde el punto de vista de cada ciudad-estado, ya que su organización era individual. Estas ciudades contaban con colonias y territorios conquistados, donde conseguían establecer su forma de gobierno, sus leyes, organización y política.
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Los Etruscos – Organización | Organización Política

La región de Etruria estaba constituida por 12 federaciones, estas 12 ciudades tenían independencia en el ámbito político y militar, el nexo de unión entre ellos era meramente religioso. A esta alianza o unión se le llamó Liga Etrusca o Dodecápolis.
La civilización Etrusca sufrió tres procesos fundamentales el inicio (desarrollo económico), apogeo y una larga decadencia.los-etruscos-reyes-etruscos
La Liga Etrusca estaba conformada en un principio por una Monarquía Absoluta. El Rey o Lucumo, es el encargado de repartir justicia, comandar los ejércitos o actuar como sumo sacerdote. El Lucumo concentraba tanto el poder político, judicial, militar y religioso.
Este sistema sufre una transformación a partir del siglo VI a.C. Los gobiernos de la Liga comienzan a modificar el sistema monárquíco que les había regido desde el siglo IX a.C., convirtiendo una monarquía absoluta en dictadura militar, que daría lugar a una República Oligárquica, estructurada de la siguiente manera:
  • Lucumón o Rey-Sacerdote.
  • Senado.
  • Magistraturas colegiadas, electivas y temporales con poder religioso y político.
  • Asambleas populares.

Los Etruscos – Organización | Organización Social

Los datos que se tienen sobre la sociedad Etrusca son un poco confusos, ya que muchos de ellos están basados en antiguos textos literarios. Pero los yacimientos y restos arqueológicos que nos han llegados, comienzan a arrojar luz, sobre todo en lo concerniente a yacimientos funerarios, donde la evidencia de clases ricas y pobres están sobradamente contrastadas.
Se trataba de una sociedad de tipo gentilicio, formado por el nombre propio de cada individuo y el nombre de la familia. En algunas ocasiones también añadir además del nombre propio y el de la familia, otros elementos como el nombre del padre o el de la madre.
los-etruscos-clasesLa sociedad etrusca estaba estratificada según la fortuna de cada uno, lo que proporcionaba un estatus en la sociedad, donde encontramos principalmente en cuatro grandes grupos.
  • Los Patricios. Miembros de la oligarquía, con grandes fortunas.
  • Clientes o Plebe Libre. Ligados por lazos de clientela. Se trataban de personas de origen o fortuna modestas que entraba bajo la tutela de un ciudadano acomodado o poderoso. Esta relación era hereditaria creando fuertes vínculos entre el terrateniente y el cliente, proporcionándose apoyo mutuo.
  • Plebeyos. Fundamentalmente era los extranjeros, la mayoría eran artesanos o comerciantes griegos, se trataban de pobres con derechos ciudadanos limitados.
  • Esclavos. Lo esclavos procedentes de mercados o vencidos en guerra, en la sociedad etrusca eran destinados al servicio doméstico o a las faenas del acampo.

Los Etruscos | La Familia Etrusca y La Mujer

Las familias etruscas llamaban la atención entre los pueblos vecinos. Los griegos no podían entender el papel de la mujer etrusca, no pensaban que fueran un buen ejemplo de mujer y madre debido a su carácter libertino. La mujer etrusca tenía los mimos derechos que el hombre, se implicaba tanto en la vida política como social. Podía participar en los juegos, como los hombres o realizar fiestas con sus amigos con o sin presencia del marido.
Este tipo de mujer escandalizó como ya hemos dicho, a una sociedad griega pero también a la sociedad romana, llegando a llamar etruscas a las prostitutas. La explicación de la igualdad de sexos, podría entenderse en aquella sociedad, a la necesidad de que las mujeres se hicieran cargo del patrimonio familiar conservándolo e incluso incrementándolo, cuando el marido moría en alguna contienda militar.
La mujer etrusca, al contrario de la griega o de la romana, no era marginada de la vida social, sino que participaba activamente
La mujer etrusca, al contrario de la griega o de la romana, no era marginada de la vida social, sino que participaba activamente
La familia etrusca a menudo estaba compuesta por el padre, la madre, los hijos e incluso en algunas ocasiones, los sobrinos. En los restos funerarios que se han podido estudiar, esta relación familiar se traslada también a los túmulos funerarios. Donde las inscripciones funerarias, cintan de igual forma a todos los miembros de la familia.
No podemos olvidar que los “apellidos”, podían provenir tanto del padre como de la madre, algo impensable en la incipiente cultura Romana o en la clásica Griega.

Los Etruscos | Las Ciudades Etruscas

Las ciudades etruscas se localizaban en mesetas o zonas altas, el motivo era poder vislumbrar todo el terreno circundantes, ya fuera tierra o mar. Los primeros asentamientos etruscos, eran cabañas que podían tener planta redonda, cuadrada o rectangular. Los techos eran generalmente de paja y muy inclinados.
Las ciudades etruscas estaban dispuestas de forma lógica, ordenada a diferencia de los asentamientos colindantes que situaban las casa sin orden sino al azar.
Los etruscos supieron localizar sus asentamientos de forma extraordinaria, ya que se establecieron en la zonas de suelos muy fértiles y de gran riqueza mineral. No en vano estas ciudades etruscas son hoy ciudades importantes de la actual Italia. Este puede se un motivo por el cual todas las ciudades estaban resguardadas por una muralla perimetral, para evitar el asalto de otras civilizaciones con menos riquezas naturales.
los-etruscos-ciudadesLas ciudades se diseñaban conforme a una disposición que se realizaba con un arado. Se trazaban dos ejes, que serían las calles principales de la ciudad, estos dos ejes eran perpendiculares entre ellos. Uno dispuesto dirección Norte-Sur llamado “Cardo” y otro dispuesto de Este a Oeste, llamado “Decumano”. Cada cuarto en el que se había dividido el terreno, llamado Insulae, se volvía a dividir en una serie de calles paralelas al cardo y al decumano.
Esta distribución no es única de la civilización etrusca, sino que posiblemente la copiaran del sistema urbanístico griego, para después ser utilizado por los romanos. Ejemplos de este tipo de diseño los tenemos en ciudades como Etruria.
los-etruscos-planoLos materiales fundamentales para las construcciones etruscas eran la arcilla, la toba y la piedra caliza, como curiosidad, parece que desconocían el mármol. Las murallas eran circulares, disponiendo de distintas puertas de entrada, siempre flanqueadas por dos torreones. Las puertas principales eran las que delimitaban las dos calles principales, es decir los extremos del cardo y el decumano, aunque podían existir más puertas a lo largo del perímetro de la muralla.
los-etruscos-ciudades-puertaLas puertas que en un principio eran arcos de medio punto, fueron poco a poco evolucionando, pasando de simples arquitrabes en una primera época hasta alcanzar dimensiones imponentes en forma de arcos, construcción que se ejecutaba empotrando los bloques de toba secos.  En la última etapa, puertas como all’Arco de Volterra, aparecen profusamente decoradas con bajorrelieves y frescos.

Los Etruscos | Arquitectura Etrusca

  • CASAS
Una vez que sabemos la distribución de las ciudades, tenemos que centrarnos en la arquitectura, ya que los etruscos supieron combinar técnicas de Oriente, como el arco de medio punto y la bóveda, con elementos arquitectónicos típicos de la cultura griega, como son las columnas apoyadas sobre un soporte, llamado orden toscano.
los-etruscos-casa-etruscaLas casas en un principio redondas, pasaron a ser de planta cuadrada. Construidas en madera y barro, utilizando más tarde unas piedras redondeadas de toba o morrillos de toba. Algunas construcciones podía tener dos pisos.
Dentro de la sociedad etrusca, había clases sociales y eso también se trasladaba a la arquitectura, siendo las casas de las familias más pudientes, reforzadas las estructuras de madera con placas de terracota pintadas en bonitos y vivos colores, con el fin de proteger la estructura de la humedad. Las casas de las familias pudientes, estaban divididas en tres partes y cada una de las partes precedidas por un patio.
  • TEMPLOS
En cuanto a los templos, desgraciadamente fueron realizados en materiales poco duraderos por lo que no se han encontrados muchos restos arqueológicos. Hay que tener en cuenta la religiosidad del pueblo etrusco, nada tenía que ver con los dioses griegos o egipcios, donde el miedo a los castigos en el más allá hacían realmente necesaria la adoración y el contento de los dioses.
Los etruscos tenían otra forma de ver a los dioses, simplemente eran los encargados de la “suerte”, no influían de modo negativo sino que cuanto más contentos estuvieran los dioses, más suerte se tendría. Motivo por el que en los templos no se invertían tantos medios como en otro tipo de construcciones, como podían ser los espacios funerarios.
los-etruscos-temploDe toda formas sabemos que eran de planta más o menos cuadrada y dispuestos sobre una plataforma o podio realizado en piedra. Se accedía a ellos por la parte frontal a través de una gran escalinata, desde la escalinata se pasaba al pórtico in antis, formado por 8 columnas repartidas en dos filas de 4 columnas. La parte posterior estaba formada por una cellas, una especie de habitaciones para la oración, estas podían ser hasta tres, cada una de las cellas dedicada a uno de los dioses de la tríada.
  • TUMBAS
Las tumbas etruscas eran de gran importancia, algo que podemos apreciar gracias a la elaboración de éstas así como a la utilización de materiales más duraderos como la piedra. Las tumbas se solían disponer fuera de la ciudad, tras los muros de éstas pero normalmente orientada en paralelo a las calles principales. Se han descubierto tres tipos de tumbas o enterramientos estruscos:
Hipogeos : Enterramientos bajo tierra o bien aprovechando grutas, cuervas o cavidades. Se accedía a través de una inclinada escalera que conducía al atrio, que a su vez estaba dividido en seis tumbas o grupos de tumbas. Los seis grupos de tumbas estaban conectados por medio de pasillos o corredores. Un ejemplo es el fomoso Hipogeo de los Volumnios.
Ipogeo dei Volumn
Ipogeo dei Volumn
Edículos: Se construían al aire libre, eran como pequeños templos en forma de templete. Como ejemplos más representativos tenemos el Edículo de Populonia o el Bronzetto dell’Offerente.
Edículo en Populonia
Edículo en Populonia
Túmulos cubiertos: Cuando una tumba se realizaba, el toque final era cubrirla con una gran cantidad de tierra, creando una especie de colina. Cada tumba se distribuía como en los hipogeos, con distintas cámaras, según sea la figura del difunto esta cámara era mayor cuanto mayor era su riqueza o clase. Este tipo de enterramientos se construían sobre planta circular, siendo la más representativa la Necrópolis de Banditaccia.
Necrópolis de Banditaccia.
Necrópolis de Banditaccia.
Para los etruscos los difuntos necesitarían de un ambiente familiar en el que vivir después de la muerte, donde necesitará sus objetos personales. Este es el motivo de la delicadeza en cuanto a la construcción de las necrópolis etruscas. Las pinturas, representando situaciones cotidianas o ritos populares,realizadas en vivos colores, son prácticamente los únicos vestigios del arte o la pintura etrusca, ya que se circunscribe casi exclusivamente a los enterramientos o ritos funerarios.

Los Etruscos | Arte Etrusco

La cultura etrusca bebe de la cultura helenística y es una precursora también de la cultura romana. Los etruscos eran también unos destacadísimos orfebres. Entre sus creaciones más importantes encontramos las esculturas funerarias y los objetos tallados en nenfro o en cerámica. Algunas de las esculturas más importantes del arte etrusco son El Apolo de Veyes, la Quimera de Arezzo, la Lupa Capitolina o el Marte de Todi.
La loba que amamantó a Rómulo y Remo era una escultra Etrusca
La loba que amamantó a Rómulo y Remo era una escultra Etrusca

Los Etruscos | Religión
Respecto a su religión y creencias, estaban fuertemente influenciados por pueblos de oriente como los sumerios e incluso los egipcios. Su doctrina se recoge en diversos escritos sagrados y se conoce como doctrina etrusca. También tenían una concepción de deidad similar a los dioses mitológicos griegos y romanos.
Tinia
Tinia
De hecho, sus dioses eran los equivalentes a estos, aunque en el caso etrusco representaban una triada formada por Tinia (Zeus), Uni (Hera) y Menrfa (Atenea). Los etruscos creían en la vida después del más allá, como demuestra el importante arte funerario que desarrollaron.

Los Etruscos | Lengua

Por otro lado, los etruscos poseían su propio idioma, que consistía en una especie de variante del griego, alejado de las lenguas indoeuropeas. También tenían su propio alfabeto, constituido por 26 caracteres.Muchos creen que este alfabeto puede estar emparentado por el alfabeto rúnico que se desarrolló en Escandinavia y en las islas británicas.
los-etruscos-alfabeto
Lo cierto es que los etruscos eran un pueblo muy diferente (a pesar de algunas similitudes) a griegos y romanos, que tenían dificultad para entender sus costumbres y les consideraban un pueblo moralmente decadente.
Los Etruscos | Economía
Los etruscos fueron un ejemplo de cómo desarrollar la economía y el comercio, y de hecho levantaron la envidia y la ira de los griegos por los grandes acuerdos comerciales que realizaban con el norte de África. De hecho, los griegos afirmaban que los barcos etruscos eran piratas y constituían un peligro para el tránsito por el Mar Mediterráneo.
La economía etrusca se basaba en la estimación. Buscaban la felicidad de sus ciudadanos creando una economía sostenible que repartieron equitativamente la riqueza y equiparara el nivel social y adquisitivo de sus gentes.
los-etruscos-monedas
Los etruscos estimaban cuál eran los principales recursos productivos de cada ciudad, y dedicaban los esfuerzos para producir ese recurso en esa ciudad, y hacían lo mismo con el resto de ciudades. Después, intercambiaban los recursos y productos que se creaban entre las distintas ciudades, de forma que se maximizaba la producción de recursos y su repartición equitativa.
Orfebrería Etrusca
Orfebrería Etrusca
Para terminar, os dejamos con un vídeo y unos enlaces que os podrían resultar interesantes para completar la información del artículo. En este documental puedes seguir aprendiendo mucho más acerca de los etruscos:

jueves, 14 de septiembre de 2017

TRATADO DE BATMAN


Tratado de Batman, el único contrato de compraventa de tierras entre colonos y aborígenes australianos







La firma del acuerdo (John Wesley Burtt)/Imagen: The Aboriginal History of Yarra
Los wurundjeri son un pueblo aborigen de Australia cuyas tierras ancestrales se ubicaban en el entorno de la actual ciudad de Melbourne. Vivían en la Prehistoria como cazadores-recolectores y practicaban el nomadismo en función de diversos factores como la estación, la disponibilidad de comida, etc. Fueron ellos los que en 1835 protagonizaron uno de los episodios más curiosos de la historia australiana al vender las tierras de la bahía de Port Phillip, en Nueva Gales del Sur, a un colono blanco. Fue lo que se conoció como Tratado de Batman, por el apellido del comprador, y constituyó el único caso en que se negoció con los nativos la adquisición de terreno en lugar de arrebatárselo sin más.

El recién llegado se llamaba John Batman. Era australiano de nacimiento y pese a su juventud -tenía treinta y cuatro años- había vivido una azarosa existencia. Natural de Parramatta, la segunda ciudad más antigua del país (se fundó en 1788 sobre un antiguo asentamiento de la tribu darog), que hoy ha sido absorbida por Sidney quedando como un suburbio, era descendiente de una familia inglesa emigrada precisamente a Sidney a finales del siglo XVIII. Como tantos otros, John tuvo que salir adelante como pudo y en 1821 se trasladó junto a su hermano Henry a la Tierra de Van Diemen, lo que ahora llamamos Tasmania, para fundar una granja.


Aborígenes wurundjeri/Imagen: Soerfm en Wikimedia Commons

Los hermanos prosperaron y encima ampliaron sus propiedades gracias a la recompensa que les concedieron las autoridades por la captura de un bushranger (los bushranger eran una especie de bandoleros de Sierra Morena en versión Antípodas). Claro que no sólo perseguía forajidos; también aborígenes en la Guerra Negra de 1830, aquella especie de cacería humana que incentivaba el gobierno local y que en la práctica constituyó un auténtico genocidio. Batman, además, se distinguió especialmente en la matanza, apuntándose docenas de muertes en ataques nocturnos a poblados, fruto de los cuales se llevó algunos niños supervivientes porque en su opinión los colonos podían educarlos mejor que las instituciones.


La bahía de Port Phillip/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Así, la hacienda de Batman llegó a superar las 7.000 hectáreas. Ahora bien, buena parte de su superficie era improductiva por la abrupta orografía tasmana y entonces puso sus ojos en una tierra mucho más llana y que conocía por estar cerca del primer lugar al que llegaron sus padres en 1797: la bahía australiana de Port Phillip, dado que se le había negado su primera petición de establecerse en la vecina Western Port. Era el año 1835 y el ambicioso colono dejó escrito en su diario todo un objetivo: fundar un pueblo y una región entera a la que llamaría Batmania. Eso sí, aconsejado por Joseph Gellibrand, que había sido fiscal general en Tasmania y ahora era su socio (habían formado la Port Phillip Association), en lugar de usar la fuerza optó por la negociación con los indígenas.


Retrato de John Batman/Imagen: Poi Australia

De esta forma, la expedición se embarcó en la goleta Rebecca y el 29 de mayo de 1835 fondeó en la bahía con algunos capataces blancos y varios aborígenes tasmanos, explorando los alrededores. Los primeros contactos con los wurundjeri fueron amistosos, con el clásico intercambio de regalos. Unos días después se reunió con los ancianos junto al arroyo Merri para llevar a cabo las conversaciones; resulta curioso que ese lugar se encuentra actualmente en pleno centro urbano de Melbourne. Ambas partes alcanzaron un acuerdo el 6 de junio por el que se le vendían a Batman 600.000 acres (casi 243.000 hectáreas) por el módico precio, recogido en el contrato que redactó el mismo Gellibrand, de 40 mantas, 250 pañuelos, 18 camisas, 4 chaquetas, 4 vestidos, 42 hachas, 130 cuchillos, 62 pares de tijeras, 40 espejos y 68 kilogramos de harina, cantidades que debían pagarse cada año.
El documento ha pasado a la Historia con el nombre de Tratado de Batman, aunque también se lo conoce como Tratado de Dutigulla y Tratado de Melbourne. Pero, si bien es probable que los wurundjeri creyeran que habían hecho un buen negocio, también lo es que no llegaran a comprender del todo que acababan de firmar la cesión de sus tierras: los antropólogos opinan que debieron creer que sólo concedían el uso temporal de la tierra, según una ancestral tradición diplomática denominada tanderrum que, en esencia, consiste en una especie de manifestación ritual de hospitalidad hacia el recién llegado, con intercambio de regalos.


Otra versión de la firma del tratado/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Algo así debió entender también el gobernador Richard Bourke, que declaró inválida la transacción pero no por protección a la tribu sino porque consideraba que la tierra en cuestión pertenecía a la Corona y, de hecho, ya antes se le había denegado a otro colono llamado John Pascoe Fawkner la petición de establecerse. El 10 de octubre de 1835 el Colonial Office (el equivalente al Ministerio de Ultramar español), refrendó la proclamación de Bourke en ese sentido fundamentando su decisión en dos razones: primera, Batman no había negociado en nombre de la Corona sino en el suyo; y segunda, los aborígenes no podían ceder tierras porque no les pertenecían. También se pusieron en duda la veracidad del sitio donde se llegó al acuerdo (que Batman habría situado en una zona lejana para abarcar más terreno) e incluso la autenticidad de las firmas de los ancianos wurundjeri (que en realidad corresponderían a los tasmanos que Batman llevaba consigo), si bien años después un niño que había sido testigo corroboró que no eran falsificaciones.


Copia facsímil del tratado/Imagen: George Serras-NMA en Australian Geographic

La Port Phillip Association recibió 7.000 libras como indemnización por la inversión que había hecho en el barco y en la adquisición de miles de ovejas. Batman se quedó sin su ansiada Batmania, estableciéndose en la colina que lleva su apellido (como infinidad de rincones de la región). Para entonces se había casado con una exconvicta llamada Elizabeth Callaghan con la que tuvo ocho hijos (siete chicas y un varón, aunque éste murió ahogado), pero se distanciaron cuando ella descubrió que él padecía sífilis en un estado lo bastante avanzado como para dejarlo postrado. Así, irónicamente, Batman pasó sus últimos días cuidado por los wurundjeri, falleciendo el 6 de mayo de 1839. Su casa fue expropiada por el gobierno, obligando a la familia a emigrar.