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sábado, 27 de mayo de 2017

ANALFABETA QUE CONSIGUIÓ CONVERTIRSE EN LA AMANTE DEL REY DE INGLATERRA (1660)

La joven analfabeta que logró convertirse en una exitosa actriz y en amante del rey de Inglaterra



Eleanor ‘Nell’ Gwynne, la joven analfabeta que logró convertirse en una exitosa actriz y en amante del rey de Inglaterra (imagen vía Wikimedia commons)

En 1660, tras restaurarse la monarquía en Inglaterra y volver muchas de las libertades que habían sido prohibidas por el régimen del Puritanismo de los protestantes, los teatros británicos volvieron a abrir sus puertas (tras permanecer cerrados a lo largo de 18 años) y los autores a estrenar sus obras.
Eso dio pie a que innumerables fuesen las personas que comenzaron a trabajar y crear negocios alrededor de las cuantiosas representaciones teatrales que se realizaban. Una de esas personas fue Eleanor Gwynne, quien con tan solo diez años de edad, su madre logró colocarla a vender frutas y dulces al público.
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Nell, como fue posteriormente conocida Eleanor, era una niña analfabeta que nunca había acudido a la escuela y no sabía leer ni escribir, pero tenía la habilidad de retener textos con una facilidad asombrosa. De escuchar a diario a los actores y actrices durante las representaciones se las aprendía de memoria y era capar de declamarlas sin cometer ni un solo fallo.
Si a ello se le añade el talento innato de Nell para actuar la convertían en una prometedora actriz, algo que en muy pocos años logró. Con 14 años la hicieron debutar en la compañía ‘King’s Company’ (una de las muchas que había conseguido el permiso para representar montajes teatrales y que además se encontraba bajo el amparo y privilegios de la Casa Real Inglesa).
La jovencísima Nell Gwynne (en algunos lugares aparece el apellido tan solo como Gwyn), nombre artístico por el que fue conocida a partir de entonces, aprendió todo lo que necesitaba saber sobre declamación y actuar de la mano del célebre actor de la época Charles Hart, de quien también se convirtió en su amante, a pesar de la diferencia de edad entre ambos.


Nell Gwynne logró convertirse en una famosísima actriz del siglo XVII (imagen vía Wikimedia commons)
En los siguientes tres años consiguió ser una conocidísima actriz, presente en numerosísimos montajes a los que acudían la flor y nata de la sociedad inglesa, entre ellos el conde de Dorset, Lord Charles Sackville, doce años mayor de ella, poeta y muy próximo al rey de Inglaterra Carlos II.
Y fue precisamente su relación con el conde lo que permitió que Nell conociera en persona al monarca y que éste se encaprichara perdidamente de la actriz.
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Carlos II de Inglaterra, de 37 años de edad (veinte más que ella), era famoso por la colección de amantes con las que había tenido algún tipo de relación.
Nell se convirtió rápidamente en una de las preferidas del monarca y a pesar de que a menudo se comportaba de manera poco formal, debido a su innata manera de ser descarada y provocadora, la joven actriz consiguió ser una de las favoritas del rey.
A menudo ella se refería al monarca como ‘mi Carlos III’, debido a que era el tercer hombre del que había sido amante y que se llamaba de ese modo (tras Charles Hart y Charles Sackville).
Pero al rey no solo le gustaba coleccionar amantes, sino también hijos y en 1670 (cuando ya tenía once hijos bastardos fruto de sus múltiples infidelidades) Nell Gwynne quedó embarazada y le dio el decimosegundo vástago.
Un año después volvería a tener un nuevo hijo del monarca, momento en el que con 21 años de edad, Nell decidiría dejar su trabajo como actriz y dedicarse al cuidado exclusivo de sus hijos en un palacete londinense que el monarca le regaló.
A pesar de que no sabía leer ni escribir, Eleanor Gwynne se mezcló y alternó con influyentes personajes de la época. Su forma descarada de ser le confería un encanto especial que deleitaba a todo aquel que se acercaba a ella.
También consiguió tener grandes amigas, una de ellas la francesa Louise de Kérouaille quien trabajaba como dama de compañía de la hermana de Carlos II y que se convirtió en amante del rey en 1672 (también le dio un hijo).
En un principio Nell y Louise tuvieron una evidente y publica enemistad. La joven francesa, que se había educado y crecido en la Corte Francesa, solía ‘echar pestes’ de la actriz, debido a lo tosca que esta era y se mostraba en sociedad. La llamaba la ‘puta protestante’, debido a que Nell se refería a ella como la ‘puta católica’.
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Ambas rivalizaron por tener la atención del rey, aunque Nell consiguió ser la preferida. Esto no fue impedimento para que con el tiempo ambas se convirtieran en grandes amigas y compartieran no solo amante sino muchas tardes de paseos y confidencias.


Placa en conmemoración a Nell Gwynne en el Chesea Hospital (imagen vía leshaines123-Flickr)
Una vez ya retirada de la escena y con una importante asignación económica que le otorgó Carlos II, Nell se dedicó a ayudar a los más desfavorecidos, convirtiéndose en una de las mujeres más admiradas de su época. Entre sus muchos gestos de generosidad, convenció al rey y fue la principal impulsora en la construcción del  Chelsea Royal Hospital para soldados retirados y heridos. Este acto de generosidad hizo que se ganara las simpatías de la población.
A mediados de la década de 1680, cuando Nell y el rey ya llevaban varios años sin ser amantes, el monarca (en su lecho de muerte) dispuso todo para que a ella y a su descendiente (el pequeño falleció a los seis años de edad) no le faltara de nada, asignándole una importante dotación económica y al joven Charles lo nombró duque de St. Albans (aunque ya ostentaba los títulos de conde y barón).
Carlos II falleció en febrero de 1685 y dos años después (noviembre de 1687) Nell moría, a los 37 años de edad, a consecuencia de una apoplejía.
Muchos son los libros de Historia que hablan de Eleanor ‘Nell’ Gwynne y del legado que dejó, de su forma de ser descarada y de cómo alguien sin estudios llegó tan lejos en el mundo del teatro y en la vida en sí. Varios fueron quienes escribieron sobre ella y también los artistas que la pintaron (famoso son algunos cuadros en los que Nell posaba desnuda).


A pesar de la época, Nell Gwynne fue pintada varias desnuda, una de ella por el artista Peter Lely (imagen vía Wikimedia commons)

También muchos son los edificios, plazas y locales que llevan su nombre.

viernes, 26 de mayo de 2017

LA MUJER Y EL TRABAJO EN LA ANTIGUA ROMA



A través de las fuentes literarias y epigráficas abordaremos en este estudio cuáles eran algunos de los trabajos que desempeñaron las mujeres en época romana. Algunos de estos oficios eran específicos para mujeres, como por ejemplo el de obstetrix (comadrona y partera), y podían recibir un sueldo por su trabajo. A continuación, analizaremos las ocupaciones que tuvieron tanto mujeres libres como esclavas dentro de la sociedad romana.
 Uno de los oficios más vinculados con las mujeres es el de nutrix (nodriza). Las nodrizas podían ser mujeres libres o esclavas, encargándose de la alimentación y el cuidado de hijos ajenos. En las fuentes, especialmente en la epigrafía, podemos observar el importante vínculo que solía surgía entre las nodrizas y los niños que éstas criaban. Con frecuencia las nodrizas fueron homenajeadas en lápidas funerarias, lo cual demuestra el cariño que podría surgir entre ambos. Al mismo tiempo, en las fuentes literarias vemos también esa estrecha unión. Sabemos, por ejemplo, a través de una carta de Plinio el Joven que éste regaló a su nodriza una pequeña propiedad:
 “Te doy las gracias por haberte encargado de cultivar el pequeño campo que había regalado a mi nodriza. Valía, cuando se lo regalé, 100.000 sestercios; después, al disminuir su rentabilidad, bajó también su precio, que ahora con tu cuidado se recuperará. Recuerda solo que te encomendé no ya los árboles y la tierra, aunque estos también, sino un pequeño presente mío, que a mi nodriza, que lo ha recibido, no le interesa que le dé el mayor fruto posible más que a mí, que lo hice” (Plin., Epig., VI, 3).
Relieve que representa a una nutrix llamada Severina junto con el niño  que cuidaba (Fuente)
Relieve que representa a una nutrix o nodriza  llamada Severina junto con el niño que cuidaba (Fuente)
En los papiros egipcios se conservan ejemplos de nodrizas que eran alquiladas y en los que se recoge la remuneración por los servicios y la duración de los mismos. Hay muchos testimonios de amas de cría entre las fuentes que se conservan de época romana. A pesar de ello, este oficio contaba con detractores como el caso de Tácito que critica el uso de ellas en el cuidado de los hijos:
“Pues antaño los hijos nacidos de madre honrada no se criaban en el cuartucho de una nodriza alquilada, sino en el regazo y en el seno de su propia madre, y esta tenía como principal motivo de orgullo velar por la casa y ser una esclava para sus hijos”. (Tac. Dial., 28, 4).
 Las nutrices debían ser mujeres sanas, sin enfermedades y que hubiesen sido madres anteriormente. Había tratados de ginecología, como el Gynecology de Soranus, en los que se recogían recomendaciones e instrucciones para las amas de leche y para las parteras.
 El de las obstetrices o comadronas es otro de los oficios más característicos de las mujeres. Su función era atender a las mujeres en el parto. Las familias romanas más adineradas solían contar con esclavas parteras que no sólo atenderían los partos de las esposas o hijas del dominus sino que también asistiría a sus compañeras de esclavitud. A través de la epigrafía conocemos dos ejemplos de obstretrices, llamadas Iulia y Prima, que formaron parte de las esclavas al servicio de la emperatriz Livia Augusta.
Relieve con la escena de un parto (Fuente)
Relieve con la escena de un parto con la presencia de obstetrices (Fuente)
 El término medica para algunos podría hacer referencia a comadrona o parteras pero para otros sería la mujer que posee conocimientos en medicina. Entre las medicae, contamos con el ejemplo de Secunda, que se encontraba al servicio de Julia Livila, hermana del emperador Calígula (CIL VI, 8711). A través de Plinio sabemos que algunas escribieron tratados ginecológicos:
“En cuanto a las informaciones contradictorias que Lais y Elefantis han contado sobre el poder abortivo del carbón de raíz de berza, de mirto o de tamarisco teñido en esta sangre, así como sobre que las burras no conciben durante tantos años como granos de cebada mojados en esa sangre han comido, y las otras cosas monstruosas o incompatibles entre sí que han declarado –anunciando una que la fecundidad se consigue de la misma manera que la otra dice que la esterilidad-, mejor es no creerlas” (Plin., H.N., XXVIII, 23, 81).
 En el mundo de la educación, la administración o actividades relacionadas con documentos, también había presencia de mujeres. Nos encontramos el trabajo de la magistra (educadora), la paedagoga (normalmente libertas que educaban a las hijas de las familias nobles), la notaria (escriba o secretaria), la libraria (secretaria o encargada de una biblioteca) o la lectrix (esclava que se dedicaban a leer en alto).
 Tenemos constancia de mujeres que contaron con recursos económicos suficientes y pudieron encargarse de sus negocios e involucrarse en asuntos financieros. Procedentes de Pompeya se conservan algunas tablillas del banquero Iucundus donde se recogen ejemplos de mujeres que manejaban su dinero. En ellas se recogen que Umbricia Ianuaria y Umbricia Antiochis  en el año 56 d.C. recibieron dinero por una serie de ventas que habían realizado. En una taberna de la misma ciudad, nos encontramos con un grafito en el que se hacía referencia al préstamo de dinero entre dos mujeres, Vettia y Faustilla (CIL IV, 8203). Vemos así cierta autonomía de algunas mujeres. A veces ellas regentaban sus propios negocios o trabajan de cara al público.
 Por ejemplo contamos con el caso de Asellina que poseía una taberna en Pompeya y que, por los grafitos que se repiten en las paredes, sabemos que contaba con la ayuda de ZmyrinaMaria y Aegle (CIL IV, 7862-64, 7866 y 7873). Tanto las fuentes jurídicas y literarias como los grafitos conservados reflejan la mala reputación que tenían aquellas mujeres que trabajaban en las tabernae.  Algunas fuentes relacionaba su oficio con la prostitución. A continuación aparece la lápida funeraria de una tabernera, llamada Sentia Amarantis, procedente de Augusta Emerita (Mérida).
Relieve de la tabernera Sentia Amarantis (Fuente)
Relieve de la tabernera Sentia Amarantis (Fuente)
 Sabemos de muchos casos en los que nos encontramos oficios vinculados el mundo textil. En la sociedad romana se tenía como símbolo de honorabilidad de la mujer ideal el hilado de la lana. A través de Suetonio sabemos que la hermana, la esposa, la hija y las nietas de Augusto estaban acostumbradas al trabajo de la lana y el emperador solamente utilizaba la ropa tejida por ellas (Suet. Aug. II, 64-73). Vemos así que mujeres de todos los estratos sociales se dedicaban al trabajo de la lana. Columela critica a aquellas mujeres que no se dedicaban al trabajo de la lana:
“Pero ahora que la mayor parte de las mujeres están entregadas al lujo y a la ociosidad, de tal manera, que ni aún se dignan de tomar el cuidado de preparar la lana y hacerla hilar y tejer, y se fastidian de las ropas de telas echadas en la casa, al paso que arrastradas por una perversa pasión, sacan de sus maridos, a fuerza de halagos, otras más exquisitas que se compran por una excesiva suma de dinero que se lleva casi todas sus rentas…” (Col. XII pr.)
 Oficios relacionados con el trabajo textil son: la sarcinatrix (costurera), la quasillaria (hilandera), la textrix o textricula (tejedora), la lintearia (vendedora de telas), la lanipendia (encargada del trabajo de la lana), purpuraria (encargada de tintar las telas con púrpura), sericaria (vendedora de seda) o la uestifica (modista). Lysis fue una sarcinatrix que aparece en una inscripción de Roma en que la que se nos dice que contaba con 18 años cuando murió (CIL VI, 9882). Además, contamos con varios contratos en los papiros de Oxyrrhynchus en los que aparece recogido el alquiler del trabajo de esclavas en el mundo textil.
 Otros casos registrados de oficios de cara al público fueron los de vendedoras de frutas y verduras, carniceras, pescaderas, zapateras, etc. Algunas de ellas aparecen en los relieves de sus lápidas funerarias desempeñando estas actividades.
Había algunas actividades  que se relacionaban con el cuidados del cuerpo y de la belleza como es el de ornatrix(peluquera) y la unguentaria (encargadas de preparar y vender ungüentos). En un epígrafe de Roma se recoge el ejemplo de Telesphorisornatrix de Domicia, la mujer del emperador Domiciano (CIL VI, 8959). El aprendizaje de este oficio, como de muchos de los demás analizados aquí, a veces podía comenzar a una edad muy temprana. Sabemos del caso de la pequeña Pieris una ornatrix de nueve años de edad (CIL VI, 9213).
Relieve que representa a una domina junto con sus  esclavas, una de ella su  (Fuente)
Relieve que representa a una señora junto con sus esclavas, una de ella su ornatrix o peluquera (Fuente)
Dentro del mundo servil femenino, hay una serie de tareas que desempeñaban las esclavas que formaban parte de familias adineradas que se pueden permitir esta especialización. Se conocen menciones de la pedisequa (esclavas que acompañaban y asistían tanto en el ámbito doméstico como en el exterior a su señora), la flabellifera (esclava encargada de asistir abanicando en momento de calor) o la esclava responsable de la umbella (sombrilla). También estaría la ostiaria o cubicularia, encargada de la portería, abriendo y recibiendo a quien llegase a la casa.
En el mundo del espectáculo, hay pruebas de la formación de mujeres como artistas. Encontramos ejemplos de mujeres que se dedicaban a la música, al canto, a la danza o a las artes escénicas. Podemos citar el caso de Eucharis, liberta de Licinia, una actriz que vivió solamente 14 años (Inscriptiones Latinae Liberae Rei Publicae II 803).
 La prostitución era el destino de un gran número de mujeres. Algunas obligadas porque eran esclavas y otras obligadas como forma de ganarse la vida tuvieron que ejercer de meretrix (prostituta). A través de las fuentes literarias y jurídicas vemos cómo fueron consideradas las peores mujeres de la sociedad. Aunque la prostitución no estaba prohibida, sí se veía como un oficio inmoral y deshonesto. No hay epitafios que hagan referencia a prostitutas aunque sí aparecen en escenas pintadas en las paredes y en relieves. También hay grafitis, muchos de ellos procedentes de Pompeya, en los que se mencionan los servicios realizados por prostitutas.
 Los trabajos desempeñados por mujeres en las zonas rurales pueden ser estudiados a través de las obras de los tratadistas romanos. Por ejemplo, Columela en su tratado de agricultura (De Re Rustica) ofrece una serie de consejos sobre cómo  debía ser la uilica, es decir, la mujer del capataz de una villa:
“Así la casera debe ser joven, esto es, no demasiado muchacha, por los mismos motivos que hemos referido hablando de la edad del capataz; debe tener también una salud robusta, no ser fea ni por el contrario muy bonita; pues si tiene robustez completa, resistirá las vigilas y otros trabajos; la demasiada fealdad hará que su consorte se fastidie de ella, y la mucha hermosura lo hará desidioso. Y así se ha de procurar no tener un capataz vagabundo y que huya de su compañera, ni por el contrario un holgazán metido en la casa y en los brazos de la mujer. Pero no son estas cosas que hemos dicho las que tan sólo hemos de observar en la casera. Pues se ha de examinar sobre todo si tiene mucha oposición al vino, a la glotonería, a las supersticiones, al mucho dormir y a los hombres…” (Col. XII, 1)
El mismo tratadistas romano hace referencia a las funciones que debía desempeñar la uilica. Además del cuidado de la casa se le asignaban otras funciones como:
“… pondrá el mayor cuidado en que el capataz tenga dentro de casa el menor trabajo que pueda ser… debe hacer salir a los esclavos que tienen que hacer algo en el campo, retener dentro de la casa a los que les pareciere precisos para que hagan en ella alguna cosa, y procurar que no se queden los trabajos sin ejecutar por una diaria inacción, examinar con cuidado si las cosas que se traen a la casa están echadas a perder, y no recibirlas sin haberlas reconocido bien y estar segura de que están en buen estado; separar las que están destinadas para el gasto, y guardar las que no hacen falta, para no consumir en un mes lo que puede alcanzar para todo el año. También si alguno de la familia comenzase a estar malo, tendrá cuidado de que se le asista lo mejor que se pueda…” (Col. XII, 1)
Vemos así cómo la uilica tenía que controlar y administrar los víveres junto con el control de los esclavos que trabajaban en la propiedad que ella y su marido gestionaban. Al mismo tiempo, también el tratadista Catón hace referencia a su función del mantenimiento de la casa y su subordinación al uilicus (Cato Agr. 143).
Estas grandes propiedades rurales solían contar con muchos esclavos que trabajan en ellas y formaban parte de la familia rustica. Las esclavas se dedicaban a las tareas domésticas, a la cocción del pan, a tejer la lana, a la preparación de la comida, etc. Pero ellas no sólo se encargaban del mantenimiento de la casa sino que también podían dedicarse a algunas actividades productivas como la recolección de la aceituna o la vendimia.
En definitiva, hemos visto que en la sociedad romana había mujeres que trabajaban fuera del ámbito doméstico, desempeñando oficios como los hombres y pudiendo ganar un sueldo. Algunos de estos trabajos eran fundamentalmente femeninos como el de las nutrices (nodrizas) y las obstetrices (comadronas). Gracias a las fuentes utilizadas, hemos podido ver una gran variedad de oficios que eran ejercidos por mujeres libres de nacimiento, por libertas y por esclavas

domingo, 21 de mayo de 2017

MUJERES IMPRESCINDIBLES QUE FUERON LA VANGUARDIA DE ESTE PAÍS


Breve historia de ocho mujeres imprescindibles y 'olvidadas' 

Construyeron la vanguardia de este país. Fueron políticas, maestras, escritoras, actrices, pensadoras, milicianas y fueron perseguidas por ello. Lucharon por la emancipación, por la democracia y a cambio recibieron represión y silencio.

Elecciones en la Unión Republicana Femenina


MADRID.- Construyeron la vanguardia de este país. Fueron políticas, maestras, escritoras, actrices, pensadoras, milicianas y fueron perseguidas por ello. Con la llegada de la Guerra Civil muchas de ellas tuvieron que exiliarse y, después, en una especie de segundo exilio, su voz fue silenciada o discriminada de las grandes líneas de la historia. Son mujeres que han construido país, que han luchado por la emancipación, por la democracia y que, a cambio, han recibido represión y silencio. 

Su legado fue eliminado de un plumazo de la historia de España con la llegada de la dictadura. Después, se fue recuperando la vida y obra de sus compañeros, de nombres como Federico García Lorca o Rafael Alberti, pero ellas quedaron atrás. Dice el historiador Julián Casanova que un hombre de sexta o séptima fila consigue entrar en las páginas de historia, pero que una mujer, salvo que sea de excepcional primera fila, no lo consigue.

"Sin la historia de las mujeres estaremos contando y recuperando la historia de la mitad de la sociedad", señala la profesora de la Universidad Complutense de Madrid y exdirectora de la Cátedra de Memoria Histórica, Mirta Núñez, a Público. Estos son sólo ocho ejemplos de biografías imprescindibles para conocer el pasado del país. Son mujeres extraordinarias cuyos nombres, en caso de aparecer, sólo ocupan un breve en las páginas de historia. 

1. María Luz Morales. Periodista. 

María Luz Morales
Fue la primera mujer en dirigir un periódico en España: La Vanguardia, a día de hoy un logro prácticamente irrealizable ya que, tal y como denunció este medio, ninguno de los veinte periódicos impresos más leídos del país está dirigido por una mujer. Su ascenso a la dirección se produjo el 8 de agosto de 1936, en plena Guerra Civil, cuando el Comité Obrero CNT-UGT que controlaba el diario La Vanguardia la eligió como directora. Cuando llegó ese momento, Morales no era ninguna recién llegada en esto del periodismo.

Comenzó su carrera en la revista Hogar y la Moda. En 1924 comenzó a colaborar con la cabecera del Conde de Godó en la sección cinematográfrica aunque utilizaba un nombre de hombre inspirado en una novela de Benito Pérez Galdós: Felipe Centeno. Era la única mujer de la redacción. Después, pasó a ocupar la sección de Teatro y ahí ya comenzó a firmar con su nombre. Sus textos sobre cine llamaron la atención de la productora Paramount, donde comenzó a escribir diálogos y a adaptar películas estadounidenses a la fonética española.

Tras la victoria franquista en la Guerra Civil, todos los redactores de La Vanguardia fueron cesados y quedaron pendientes de depuración. Les retiraron su pasaporte y se les prohibió colaborar en la prensa. Morales, de hecho, llegó a estar 40 días encarcelada en un convento de Sarriàaunque se negó a hablar públicamente de lo que allí vivió y jamás contó nada de lo que presenció. Morales fue rehabiliatada como periodista en enero de 1978. 

2. Enriqueta Otero: maestra y miliciana

Enriqueta Otero
La historia de Enriqueta Otero da para una trilogía. Maestra de profesión, Otero se alistó como miliciana de cultura en la Brigada Móvil de Choque de la 46ª División y llegó a obtener el grado de comandante. Asimismo, también fue secretaria de Dolores Ibárruri durante la Guerra Civil.

Otero fue encarcelada en Madrid en los últimos días de la Guerra por la Junta de Defensa de Madrid tras el golpe de Estado de Segismundo Casado, que terminó entregando la capital a las tropas franquistas. La mujer fue encarcelada en la prisión de mujeres de Las Ventas con otras militantes comunistas, pero logró protagonizar una fuga masiva de presos y consiguió escapar en tren hasta Lugo, donde se enroló en la guerrilla gallega con el apodo de María Dolores hasta 1946, fecha en la que fue detenida por las autoridades franquistas.

Otero fue condenada a muerte por un tribunal militar, pero, según destaca la necrológica que le dedicó El País en 1989, "una campaña internacional de solidaridad logró la conmutación de la pena y estuvo presa durante 19 años en diversas cárceles españolas". La mujer fue liberada en 1966 y rehabilitada como maestra en 1974, tan sólo un año antes de su jubilación. Aún así, le dio tiempo para poner en marcha proyecto cultural denominado O carriño, que imitaba a las universidades populares de la República. En 1977 fue candidata al Parlamento español en las listas del PCE. Falleció en 1989. 

3. María Teresa León Goyri: escritora

María Teresa León
Escribe la investigadora en Estudios Hispánicos Ana Martínez, que María Teresa León es un ejemplo de "una mujer transgresora que nunca abandonó su lucha y compromiso social". La historia, casi siempre traidora, recuerda a María Teresa León como la mujer de Rafael Alberti, pero León Goyri fue mucho más. Ya de adolescente comenzó a publicar artículos con enfoque feminista en el Diario de Burgos; fue una de las primeras mujeres que pudo divorciarse en España; una de las pocas que pudo acudir a la Universidad a principios del siglo XX; la responsable de que durante la Guerra Civil española se salvaran de la quema numerosas obras que hoy son consideradas Patrimonio Nacional; fundadora del grupo de teatro conocido como las Guerrillas de Teatro y también de la revista Octubre, que será plataforma de escritores y personas de la cultura en defensa de la cultura, y de la publicación El Mono Azul. Así, también fue secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas. 

Tras la Guerra Civil se exilia junto a Rafael Alberti en Francia, Argentina e Italia. Regresó a España junto a Alberti en abril de 1977 con los primeros signos de alzheimer. Moriría en 1988 en Madrid olvidada por casi todos. Esto fue lo que dejó escrito: “Siento que me hice del roce de tanta gente: de la monjita, de la amiga de buen gusto, del tío abuelo casi emparedado, del chico de los pájaros, del beso, de la caricia, del insulto, del amigo que nos advirtió, del que callado apretó los dientes y sentimos la mordedura... Todos, todos. Somos lo que nos han hecho, lentamente, al correr tantos años. Cuando estamos definitivamente seguros de ser nosotros, nos morimos”.

4. María Casares: actriz

Maria Casares
María Casares es un ejemplo perfecto del talento que perdió España por culpa de la Guerra Civil y de la dictadura franquista. Es hija de Santiago Casares Quiroga, que había sido Ministro y Jefe de Gobierno de la II República bajo la presidencia de Manuel Azaña, y que poco antes de terminar la Guerra Civil se exilia junto a su hija en Francia. María tenía 16 años y allí comienza sus estudios de interpretación que le permiten triunfar en la escena francesa con apenas 20 años. Llegó a ser condecorada con la Legión de honor de la República francesa.

Casares no pudo regresar a España hasta 1976 cuando representó El adefesio, de Rafael Alberti. Cinco años después, en 1981, pudo publicar sus memorias en España, Residencia privilegiada, en las que recuerda la relación que mantuvo con personajes como Camus, Jean Paul Sartre, Jean Cocteau o Pablo Picasso. A pesar de que la mayor parte de su vida transcurrió en el extranjero, Casares no renunció nunca a la nacionalidad española aunque afirmaba: "Mi única patria es el teatro".

5. Maruja Mallo: pintora

Maruja Mallo
"Maruja Mallo, entre Verbena y Espantajo toda la belleza del mundo cabe dentro del ojo, sus cuadros son los que he visto pintados con más imaginación, emoción y sensualidad." Así escribía el poeta Federico García Lorca sobre la artista Maruja Mallo, considerada como la más vanguardista de las artistas españolas del siglo XX y diosa española del surrealismo. Miembro de la Generación del 27, Mallo colaboró intensamente con Rafael Alberti quedando los decorados del drama Santa Casilda como testigo.

En 1932 dio el salto a París consiguiendo exponer por primera vez en la Galería Pierre Loeb. Allí entra en contacto con André Breton, Picasso, Miró, Péret, Aragon, Arp, Magritte y el grupo Abstraction-Création del que formaba parte Joaquín Torres-García. No obstante, su dedicación al arte fue combinada con sus ideales políticos. Fiel a la II República, Mallo participó en las Misiones Pedagógicas y ejerció de profesora en el Instituto de Arévalo, en el Instituto Escuela de Madrid y en la Escuela de Cerámica de Madrid.

Cuando explota la Guerra Civil, Maruja Mallo se encuentra en Galicia enrolada en las Misiones Pedagógicas. De ahí huye a Portugal y después a Argentina continuando con exposiciones en Buenos Aires, Nueva York o Londres, entre otros lugares. Regresa a España en la década de los 60. Hasta pocos años antes de su muerte no obtuvo el reconocimiento en España que sí había recibido internacionalmente por su talento. 

6. Federica Montseny

Esta mujer es la primera ministra de la historia de España. De ideología anarquista, llegó a la cartera de Sanidad en plena Guerra Civil y ejecutó reformas imprescindibles en el terreno higiénico y de salud pública, medidas pioneras sobre prevención de la enfermedad, eugenesia, sexualidad, control de la natalidad y reguló el decreto de interrupción voluntario del embarazo.
Federica Montseny
Asimismo, Montseny también quiso acabar con la prostitución y creó los liberatorios, espacios donde las prostitutas entraban y salían libremente, recibían instrucción y tratamiento médico, recuperaban autoestima y eran preparadas para incorporarse a la esfera laboral. Con el final de la Guerra Civil, Montseny se exilió en Francia donde fue perseguida tanto por la policía nazi como por la franquista, que pidió su extradición aunque las autoridades francesas la denegaron.

Se instaló en Toulouse y siguió divulgando sus ideas en medios anarquistas. Dos años después de la muerte de Franco, Montseny regresó a España y continuó desde su país su activismo en pro de la CNT. En sus últimos años reivindicó al Estado la devolución del patrimonio sindical incautado a la CNT tras finalizar la Guerra Civil, se opuso firmemente a los Pactos de la Moncloa y al recién instaurado sistema político constitucional español.

7. Clara Campoamor

Durante las últimas elecciones generales, el Ministerio del Interior difundió un tuit en el que aseguraba que las primeras elecciones generales democráticas se celebraron en España en 1977. La frase llevaba trampa. Las primeras elecciones democráticas en España se celebraron el 19 de noviembre de 1933, fecha en la que por primera vez acudieron a votar tanto los hombres como las mujeres en sufragio universal. 
Clara Campoamor en 1936
La principal responsable de aquel logro histórico fue Clara Campoamor. Ella fue la que defendió el derecho al voto a la mujer en un duelo en el Congreso frente a otra mujer, Victoria Kent. La segunda defendió ante la Cámara un aplazamiento de la aprobación del derecho a votar para las mujeres argumentando que aún no estaban suficientemente emancipadas y que sus voto irían a parar a las derechas.

Campamor replicó: ""Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer (...) ¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones?"

A pesar de este éxito, Campoamor vio como dentro de la propia República se le cerraron las puertas. En 1934 abandonó el Partido Radical por su subordinación a la CEDA y por la represión de la insurrección revolucionaria de Asturias. Trató de unirse a Izquierda Republicana pero su admisión fue denegada. Fue entonces cuando escribió y publicó —en mayo de 1935— Mi pecado mortal. El voto femenino y yo, su testimonio personal de las luchas parlamentarias. Murió en el exilio. 

8. Margarita Nelken

Margarita Nelken
Esta mujer fue la única mujer que consiguió ser diputada en las tres legislaturas de la II República. Si bien Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken fueron elegidas diputadas en 1931, sólo la última consiguió revalidar su escaño en las elecciones de 1933 y de 1936, siempre con el PSOE. No obstante, en 1937, en plena Guerra Civil, se pasa al PCE y en 1944, ya en el exilio, abandona también el Partido Comunista.

Nelken comenzó su activismo en la adolescencia. Ya en 1919 escribía el artículo La condición social de la mujer donde denunciaba "son innumerables los refranes españoles que limitan la actividad de la mujer al círculo de los quehaceres domésticos" y que "la preparación de la mujer para algo que no sea estrictamente el matrimonio, parece cosa insólita que debe ser ridiculizada".

Con la victoria de las tropas de Franco, cruzó la frontera francesa durante la retirada general de Catalunya. Trabajó en la asistencia a los refugiados republicanos internados en los campos de concentración franceses y, a finales de 1939, se exilió en México, donde trabajó en la Secretaría de Educación Pública, colaboró con el gobierno republicano en el exilio, participó en las actividades de la Unión de Mujeres Españolas. En octubre de 1942 fue expulsada del PCE tras haber criticado la política de la UNE. Falleció en México en 1968.