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viernes, 26 de mayo de 2017

LA MUJER Y EL TRABAJO EN LA ANTIGUA ROMA



A través de las fuentes literarias y epigráficas abordaremos en este estudio cuáles eran algunos de los trabajos que desempeñaron las mujeres en época romana. Algunos de estos oficios eran específicos para mujeres, como por ejemplo el de obstetrix (comadrona y partera), y podían recibir un sueldo por su trabajo. A continuación, analizaremos las ocupaciones que tuvieron tanto mujeres libres como esclavas dentro de la sociedad romana.
 Uno de los oficios más vinculados con las mujeres es el de nutrix (nodriza). Las nodrizas podían ser mujeres libres o esclavas, encargándose de la alimentación y el cuidado de hijos ajenos. En las fuentes, especialmente en la epigrafía, podemos observar el importante vínculo que solía surgía entre las nodrizas y los niños que éstas criaban. Con frecuencia las nodrizas fueron homenajeadas en lápidas funerarias, lo cual demuestra el cariño que podría surgir entre ambos. Al mismo tiempo, en las fuentes literarias vemos también esa estrecha unión. Sabemos, por ejemplo, a través de una carta de Plinio el Joven que éste regaló a su nodriza una pequeña propiedad:
 “Te doy las gracias por haberte encargado de cultivar el pequeño campo que había regalado a mi nodriza. Valía, cuando se lo regalé, 100.000 sestercios; después, al disminuir su rentabilidad, bajó también su precio, que ahora con tu cuidado se recuperará. Recuerda solo que te encomendé no ya los árboles y la tierra, aunque estos también, sino un pequeño presente mío, que a mi nodriza, que lo ha recibido, no le interesa que le dé el mayor fruto posible más que a mí, que lo hice” (Plin., Epig., VI, 3). 

  Relieve que representa a una nutrix o nodriza  llamada Severina junto con el niño que cuidaba (Fuente)
En los papiros egipcios se conservan ejemplos de nodrizas que eran alquiladas y en los que se recoge la remuneración por los servicios y la duración de los mismos. Hay muchos testimonios de amas de cría entre las fuentes que se conservan de época romana. A pesar de ello, este oficio contaba con detractores como el caso de Tácito que critica el uso de ellas en el cuidado de los hijos:
“Pues antaño los hijos nacidos de madre honrada no se criaban en el cuartucho de una nodriza alquilada, sino en el regazo y en el seno de su propia madre, y esta tenía como principal motivo de orgullo velar por la casa y ser una esclava para sus hijos”. (Tac. Dial., 28, 4).
 Las nutrices debían ser mujeres sanas, sin enfermedades y que hubiesen sido madres anteriormente. Había tratados de ginecología, como el Gynecology de Soranus, en los que se recogían recomendaciones e instrucciones para las amas de leche y para las parteras.
 El de las obstetrices o comadronas es otro de los oficios más característicos de las mujeres. Su función era atender a las mujeres en el parto. Las familias romanas más adineradas solían contar con esclavas parteras que no sólo atenderían los partos de las esposas o hijas del dominus sino que también asistiría a sus compañeras de esclavitud. A través de la epigrafía conocemos dos ejemplos de obstretrices, llamadas Iulia y Prima, que formaron parte de las esclavas al servicio de la emperatriz Livia Augusta.
Relieve con la escena de un parto (Fuente)


Relieve con la escena de un parto con la presencia de obstetrices (Fuente)
 El término medica para algunos podría hacer referencia a comadrona o parteras pero para otros sería la mujer que posee conocimientos en medicina. Entre las medicae, contamos con el ejemplo de Secunda, que se encontraba al servicio de Julia Livila, hermana del emperador Calígula (CIL VI, 8711). A través de Plinio sabemos que algunas escribieron tratados ginecológicos:
“En cuanto a las informaciones contradictorias que Lais y Elefantis han contado sobre el poder abortivo del carbón de raíz de berza, de mirto o de tamarisco teñido en esta sangre, así como sobre que las burras no conciben durante tantos años como granos de cebada mojados en esa sangre han comido, y las otras cosas monstruosas o incompatibles entre sí que han declarado –anunciando una que la fecundidad se consigue de la misma manera que la otra dice que la esterilidad-, mejor es no creerlas” (Plin., H.N., XXVIII, 23, 81).
 En el mundo de la educación, la administración o actividades relacionadas con documentos, también había presencia de mujeres. Nos encontramos el trabajo de la magistra (educadora), la paedagoga (normalmente libertas que educaban a las hijas de las familias nobles), la notaria (escriba o secretaria), la libraria (secretaria o encargada de una biblioteca) o la lectrix (esclava que se dedicaban a leer en alto).
 Tenemos constancia de mujeres que contaron con recursos económicos suficientes y pudieron encargarse de sus negocios e involucrarse en asuntos financieros. Procedentes de Pompeya se conservan algunas tablillas del banquero Iucundus donde se recogen ejemplos de mujeres que manejaban su dinero. En ellas se recogen que Umbricia Ianuaria y Umbricia Antiochis  en el año 56 d.C. recibieron dinero por una serie de ventas que habían realizado. En una taberna de la misma ciudad, nos encontramos con un grafito en el que se hacía referencia al préstamo de dinero entre dos mujeres, Vettia y Faustilla (CIL IV, 8203). Vemos así cierta autonomía de algunas mujeres. A veces ellas regentaban sus propios negocios o trabajan de cara al público.
 Por ejemplo contamos con el caso de Asellina que poseía una taberna en Pompeya y que, por los grafitos que se repiten en las paredes, sabemos que contaba con la ayuda de ZmyrinaMaria y Aegle (CIL IV, 7862-64, 7866 y 7873). Tanto las fuentes jurídicas y literarias como los grafitos conservados reflejan la mala reputación que tenían aquellas mujeres que trabajaban en las tabernae.  Algunas fuentes relacionaba su oficio con la prostitución. A continuación aparece la lápida funeraria de una tabernera, llamada Sentia Amarantis, procedente de Augusta Emerita (Mérida).
Relieve de la tabernera Sentia Amarantis (Fuente)


Relieve de la tabernera Sentia Amarantis (Fuente)
 Sabemos de muchos casos en los que nos encontramos oficios vinculados el mundo textil. En la sociedad romana se tenía como símbolo de honorabilidad de la mujer ideal el hilado de la lana. A través de Suetonio sabemos que la hermana, la esposa, la hija y las nietas de Augusto estaban acostumbradas al trabajo de la lana y el emperador solamente utilizaba la ropa tejida por ellas (Suet. Aug. II, 64-73). Vemos así que mujeres de todos los estratos sociales se dedicaban al trabajo de la lana. Columela critica a aquellas mujeres que no se dedicaban al trabajo de la lana:
“Pero ahora que la mayor parte de las mujeres están entregadas al lujo y a la ociosidad, de tal manera, que ni aún se dignan de tomar el cuidado de preparar la lana y hacerla hilar y tejer, y se fastidian de las ropas de telas echadas en la casa, al paso que arrastradas por una perversa pasión, sacan de sus maridos, a fuerza de halagos, otras más exquisitas que se compran por una excesiva suma de dinero que se lleva casi todas sus rentas…” (Col. XII pr.)
 Oficios relacionados con el trabajo textil son: la sarcinatrix (costurera), la quasillaria (hilandera), la textrix o textricula (tejedora), la lintearia (vendedora de telas), la lanipendia (encargada del trabajo de la lana), purpuraria (encargada de tintar las telas con púrpura), sericaria (vendedora de seda) o la uestifica (modista). Lysis fue una sarcinatrix que aparece en una inscripción de Roma en que la que se nos dice que contaba con 18 años cuando murió (CIL VI, 9882). Además, contamos con varios contratos en los papiros de Oxyrrhynchus en los que aparece recogido el alquiler del trabajo de esclavas en el mundo textil.
 Otros casos registrados de oficios de cara al público fueron los de vendedoras de frutas y verduras, carniceras, pescaderas, zapateras, etc. Algunas de ellas aparecen en los relieves de sus lápidas funerarias desempeñando estas actividades.
Había algunas actividades  que se relacionaban con el cuidados del cuerpo y de la belleza como es el de ornatrix(peluquera) y la unguentaria (encargadas de preparar y vender ungüentos). En un epígrafe de Roma se recoge el ejemplo de Telesphorisornatrix de Domicia, la mujer del emperador Domiciano (CIL VI, 8959). El aprendizaje de este oficio, como de muchos de los demás analizados aquí, a veces podía comenzar a una edad muy temprana. Sabemos del caso de la pequeña Pieris una ornatrix de nueve años de edad (CIL VI, 9213).
Relieve que representa a una domina junto con sus  esclavas, una de ella su  (Fuente)



Relieve que representa a una señora junto con sus esclavas, una de ella su ornatrix o peluquera (Fuente)
Dentro del mundo servil femenino, hay una serie de tareas que desempeñaban las esclavas que formaban parte de familias adineradas que se pueden permitir esta especialización. Se conocen menciones de la pedisequa (esclavas que acompañaban y asistían tanto en el ámbito doméstico como en el exterior a su señora), la flabellifera (esclava encargada de asistir abanicando en momento de calor) o la esclava responsable de la umbella (sombrilla). También estaría la ostiaria o cubicularia, encargada de la portería, abriendo y recibiendo a quien llegase a la casa.
En el mundo del espectáculo, hay pruebas de la formación de mujeres como artistas. Encontramos ejemplos de mujeres que se dedicaban a la música, al canto, a la danza o a las artes escénicas. Podemos citar el caso de Eucharis, liberta de Licinia, una actriz que vivió solamente 14 años (Inscriptiones Latinae Liberae Rei Publicae II 803).
 La prostitución era el destino de un gran número de mujeres. Algunas obligadas porque eran esclavas y otras obligadas como forma de ganarse la vida tuvieron que ejercer de meretrix (prostituta). A través de las fuentes literarias y jurídicas vemos cómo fueron consideradas las peores mujeres de la sociedad. Aunque la prostitución no estaba prohibida, sí se veía como un oficio inmoral y deshonesto. No hay epitafios que hagan referencia a prostitutas aunque sí aparecen en escenas pintadas en las paredes y en relieves. También hay grafitis, muchos de ellos procedentes de Pompeya, en los que se mencionan los servicios realizados por prostitutas.
 Los trabajos desempeñados por mujeres en las zonas rurales pueden ser estudiados a través de las obras de los tratadistas romanos. Por ejemplo, Columela en su tratado de agricultura (De Re Rustica) ofrece una serie de consejos sobre cómo  debía ser la uilica, es decir, la mujer del capataz de una villa:
“Así la casera debe ser joven, esto es, no demasiado muchacha, por los mismos motivos que hemos referido hablando de la edad del capataz; debe tener también una salud robusta, no ser fea ni por el contrario muy bonita; pues si tiene robustez completa, resistirá las vigilas y otros trabajos; la demasiada fealdad hará que su consorte se fastidie de ella, y la mucha hermosura lo hará desidioso. Y así se ha de procurar no tener un capataz vagabundo y que huya de su compañera, ni por el contrario un holgazán metido en la casa y en los brazos de la mujer. Pero no son estas cosas que hemos dicho las que tan sólo hemos de observar en la casera. Pues se ha de examinar sobre todo si tiene mucha oposición al vino, a la glotonería, a las supersticiones, al mucho dormir y a los hombres…” (Col. XII, 1)
El mismo tratadistas romano hace referencia a las funciones que debía desempeñar la uilica. Además del cuidado de la casa se le asignaban otras funciones como:
“… pondrá el mayor cuidado en que el capataz tenga dentro de casa el menor trabajo que pueda ser… debe hacer salir a los esclavos que tienen que hacer algo en el campo, retener dentro de la casa a los que les pareciere precisos para que hagan en ella alguna cosa, y procurar que no se queden los trabajos sin ejecutar por una diaria inacción, examinar con cuidado si las cosas que se traen a la casa están echadas a perder, y no recibirlas sin haberlas reconocido bien y estar segura de que están en buen estado; separar las que están destinadas para el gasto, y guardar las que no hacen falta, para no consumir en un mes lo que puede alcanzar para todo el año. También si alguno de la familia comenzase a estar malo, tendrá cuidado de que se le asista lo mejor que se pueda…” (Col. XII, 1)
Vemos así cómo la uilica tenía que controlar y administrar los víveres junto con el control de los esclavos que trabajaban en la propiedad que ella y su marido gestionaban. Al mismo tiempo, también el tratadista Catón hace referencia a su función del mantenimiento de la casa y su subordinación al uilicus (Cato Agr. 143).
Estas grandes propiedades rurales solían contar con muchos esclavos que trabajan en ellas y formaban parte de la familia rustica. Las esclavas se dedicaban a las tareas domésticas, a la cocción del pan, a tejer la lana, a la preparación de la comida, etc. Pero ellas no sólo se encargaban del mantenimiento de la casa sino que también podían dedicarse a algunas actividades productivas como la recolección de la aceituna o la vendimia.
En definitiva, hemos visto que en la sociedad romana había mujeres que trabajaban fuera del ámbito doméstico, desempeñando oficios como los hombres y pudiendo ganar un sueldo. Algunos de estos trabajos eran fundamentalmente femeninos como el de las nutrices (nodrizas) y las obstetrices (comadronas). Gracias a las fuentes utilizadas, hemos podido ver una gran variedad de oficios que eran ejercidos por mujeres libres de nacimiento, por libertas y por esclavas

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