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lunes, 31 de julio de 2017

EL REY HECHIZADO

(Curiosidades históricas) Carlos II: El rey "Hechizado
El Hechizado, fue un despojo de la naturaleza. Raquítico y estéril, fue el 

último de los Austrias y el que abrió la puerta a los Borbones. 

El esperado hijo y heredero de Felipe IV y de Mariana de Austria nació en

 Madrid un gélido mes de noviembre de 1661. Pronto “espantó” por su

debilidad mental y atrofiamiento corporal, pero a pesar de ser un despojo

 de la naturaleza, se convirtió en rey de España al cumplir los catorce

años. 


Imagen relacionada


Su padre, Felipe IV, era tío de su madre, y el pobre “Hechizado” como fue

 apodado debido a su lamentable estado físico, representa el máximo 

exponente de la degeneración familiar de los Austrias a causa de los

sucesivos matrimonios consanguíneos de estos monarcas. 

Fue bautizado con 16 nombres y los astrólogos de la época vaticinaron


para el pequeño infante un futuro heroico y un reinado feliz. Lo que 

ocurriría años posteriores dista pues mucho de lo observado en los astros. 

Fue un bebé de apariencia débil y con signos visibles de degeneración.

 Tenía flemones en las mejillas y la cabeza llena de costras e hinchada a

 causa de la hidrocefalia. La descripción oficial que dio el reinado maquilló

 la triste realidad pues afirmaba que era un niño de bellísimas facciones.

 Su desastrosa lactancia duró casi 4 años llegando a despellejar a

mordiscos los pezones de sus nodrizas. Pero el pobre Carlos siguió siendo

 un niño debilucho que apenas podía sostenerse en pie debido a su

 raquitismo infantil. Empezó a caminar con normalidad en la adolescencia. 


enfermedad 

A todo ello se le sumaron los problemas intestinales y los constantes 

catarros que padeció durante toda su cadavérica vida. A los seis años tuvo

 el sarampión y la varicela; a los diez la rubeola, y a los once la viruela que

 cerca estuvo de matarlo. 

Muchos expertos actuales sospechan que posiblemente padeciera

 el 
síndrome de Klinefelter, enfermedad que en el siglo XVII se desconocía y

 que fue camuflada bajo la idea del hechizamiento. 

Constantemente se temía por su vida ya que su salud era de todo menos 

saludable. Al carecer su cuerpo de calor natural, en épocas invernales el

 pequeño Carlos iba envuelto en numerosas mantas y pieles.

 A su enfermizo físico se le unía su paupérrima capacidad mental. 


II 

A los 9 años aún no sabía leer ni escribir. Su desinterés por el estudio, y

años posteriores, por los asuntos de Estado, fue una constante.

 El retrasado príncipe tan sólo se entretenía con los bufones y los enanos,

 y su diversión favorita consistía en meterse en la repostería de palacio

 para ver cómo hacían los pasteles. Su inteligencia y conocimientos a los

 veinte años eran más simples que las de un niño. 

Lo que al controvertido personaje le ha dado fama es la causa principal por

 la que se convirtió en el último monarca de la casa de los Austria: su

 esterilidad. Sólo tenía un testículo, atrofiado y de color negro, como se

 supo tras realizarle la autopsia. Sufría una patología genital causante de su

 esterilidad y no un encantamiento o hechizamiento como se dijo en la

 época. En aquel tiempo toda Europa comentaba la incapacidad para 

procrear del monarca. Se produjeron hasta operaciones de espionaje

internacional para constatar a partir de unos calzoncillos del rey si éste

 podía tener descendencia o no. 

Carlos II se casó un par de veces. A la primera esposa, Luisa de Orleans, la

 amó profundamente. A pesar del empeño de la pareja por tener hijos, éstos

 nunca llegaron. Ante esta situación la reina fue tachada de estéril, cuando

el impotente era verdaderamente el rey. La misma Luisa de Orleans,

 confesaría a una de sus camareras que Carlos padecía eyaculación precoz. 



historia 


Tras morir ésta, el consejo de Estado aconsejó a Carlos que se apresurara a


 contraer de nuevo matrimonio con la esperanza de que Dios le diera una

heredero. La segunda reina se llamaría María de Neoburgo, y fue elegida

 porque procedía de una familia numerosa y fecunda (tenía 23 hermanos)

 Esta mujer no era tonta y para mantener sus intereses fingió varios

 embarazos los cuales solucionaba con escandalosos abortos. 


España 

Carlos II ante su miserable estado y viendo que la medicina no encontraba 

la cura a sus dolencias fue creyéndose la pantomima que en la corte se 

rumoreaba: el hechizamiento que justificaba su impotencia. 

Fueron muchos los médicos los que lo purgaron y sangraron. Las curas


 médicas pasaron a convertirse en patéticos rituales mágicos, y el rey 

comenzó a rodearse de frailes, exorcistas y curanderos. Alguna de estas

prácticas consistía en colocarle pichones recién muertos sobre la cabeza y

 entrañas calientes de cordero sobre el abdomen. 

En sus últimos años de vida sus desmayos eran cada vez más largos 


(a veces duraban más de dos horas). Éstos iban acompañados de sacudidas

 bruscas de brazos y piernas, y de movimientos de ojos y boca de un lado

 hacia el otro. Carlos II acabó padeciendo epilepsia ya que durante sus

espasmos se mordía la lengua. 


carlos 

Carlos II murió a los 39 años tras un ataque de apoplejía epiléptico. En la

 autopsia se cita que su cuerpo no tenía ni una gota de sangre y que su

corazón era del tamaño de un grano de pimienta. Presentaba los pulmones

corroídos y los intestinos putrefactos y gangrenados. 

En definitiva, el pobre Carlos fue un espantajo de rey, un hombre 


desgraciado y melancólico que arrastró toda su vida un físico decadente y

descolorido, y una capacidad mental prácticamente nula. A su triste

 existencia se le sumó su incapacidad para dar un heredero a la casa de los

 Austrias, poniendo así fin a la misma y abriendo las puertas a los 

Borbones. 



viernes, 28 de julio de 2017

INVASIÓN EN LA EDAD DE BRONCE


El ADN antiguo explica por qué el euskera sobrevivió en la península ibérica

  • Los invasores que propagaron la semilla de la mayoría de lenguas europeas tuvieron menos éxito al colonizar la península

El ADN antiguo explica por qué el euskera sobrevivió en la península ibérica





Restos arqueológicos excavados en Portugal, de los cuales los investigadores han extraído ADN (Rui Parreira)


Todos los idiomas que se hablan hoy en día en Europa tienen el mismo origen: las lenguas indoeuropeas. Salvo por unas pocas excepciones. Una de ellas es el euskera, que ya se hablaba antes de que los idiomas indoeuropeos llegaran al continente. Su supervivencia hasta la actualidad ha intrigado desde hace tiempo a arqueólogos y lingüistas; ahora, un estudio internacional ha analizado restos fósiles de Portugal correspondientes al Neolítico y la Edad del Bronce, y ha encontrado una explicación.
Según publica hoy la revista PLOS Genetics , los nómadas de la estepa euroasiática que propagaron las lenguas indoeuropeas por Europa apenas llegaron a la península ibérica. Los investigadores han analizado el ADN de catorce muestras fósiles del Neolítico y de la Edad de Bronce, y las han comparado con otros datos genómicos recopilados hasta el momento. A diferencia de lo que ocurre en el resto de Europa, los científicos han hallado muy pocas huellas del pueblo nómada en el genoma de los habitantes de la península ibérica de la Edad de Bronce, lo cual da nuevas pistas sobre la evolución de los pueblos que en el pasado habitaron lo que hoy son España y Portugal.

Área que ocupa la estepa euroasiática, en azul


Área que ocupa la estepa euroasiática, en azul (Wikimedia Commons)
La historia de Europa es una historia de migraciones. Los primeros humanos modernos que la colonizaron, procedentes de África, fueron cazadores-recolectores nómadas, en el Paleolítico. Hace 12.000 años, los agricultores de la península de Anatolia –donde hoy en día se sitúa la mayor parte de Turquía– se esparcieron por Europa, llevando consigo la revolución neolítica. Los cazadores-recolectores y los granjeros procedentes de Anatolia no permanecieron aislados, sino que se reprodujeron entre sí, y con el tiempo fueron intercambiando genes.
Invasores del este
Sin embargo, 7.000 años más tarde, “el panorama genético de Europa cambió dramáticamente”, explica a Big Vang Rui Martiniano, , primer autor del estudio de PLOS Genetics. Un pueblo más avanzado tecnológicamente invadió el continente desde el este. Eran los nómadas de la estepa euroasiática, que habían aprendido a domar caballos y a forjar armas de bronce.
Caballos en la Meseta de Ukok, en Mongolia


Caballos en la Meseta de Ukok, en Mongolia (muha04 / Getty Images/iStockphoto)
“Europa era rica en recursos: tenía grandes campos para la agricultura, cobre y estaño”, declara en entrevista telefónica Martiniano, investigador de la Universidad de Coimbra (Portugal) y del Trinity College de Dublín (Irlanda). “Los invasores de la estepa tenían ventaja; allá donde fueran, siempre eran superiores, tanto en movilidad como en armamento”. Los nómadas se impusieron, tanto cultural como genéticamente, y desencadenaron la Edad de Bronce. Sus idiomas y sus genes se convirtieron en los predominantes en todo el continente.
Los invasores de la estepa tenían ventaja; allá donde fueran, siempre eran superiores, tanto en movilidad como en armamento”
RUI MARTINIANO
Excepto en la península ibérica. “Hemos descubierto que, en contraste con lo que ocurrió en Europa, la transición genética del Neolítico a la Edad de Bronce es muy, muy sutil en la península”, afirma Martiniano. Por alguna razón, los jinetes nómadas, “que lograron llegar incluso a las islas británicas y reemplazaron a su población drásticamente”, no pudieron hacerse con la península ibérica.
“Eso explicaría por qué algunas lenguas previas a las indoeuropeas, como el euskera, persistieron más tiempo, simplemente porque estuvieron más refugiadas de las migraciones durante la Edad de Bronce”, razona Martiniano. Aunque todavía es pronto para dar una explicación inequívoca a este fenómeno, el investigador portugués señala posibles causas geográficas, como los Pirineos o la localización de la península, muy alejada de la estepa euroasiática.

Estepa de Azerbaiyán
Estepa de Azerbaiyán (tostphoto / Getty Images/iStockphoto)
Migrar, cosa de hombres
Sin embargo, a pesar de llegar en números menores que a Europa, los habitantes de la estepa sí dejaron algunas huellas. La más evidente, de hecho, es genética. “Los habitantes del Neolítico y de la Edad del Bronce en la península genéticamente fueron casi iguales, con una sola diferencia: el cromosoma Y”, destaca Martiniano. Hace 5.000 años, el cromosoma Y –el que determina el sexo masculino– de los hombres agricultores fue reemplazado por el de los jinetes de la estepa.
De ahí, los investigadores han deducido que la migración masiva de la Edad del Bronce fue predominantemente de hombres, algo que cuadra con los resultados en todo el continente. Su marca genética se fue diluyendo a lo largo de las generaciones en la península ibérica, donde eran minoría, pero su cromosoma Y, que se transmite íntegramente de padre a hijo, pervivió.

Algunas lenguas previas a las indoeuropeas, como el euskera, persistieron más tiempo, simplemente porque estuvieron más refugiadas de las migraciones durante la Edad de Bronce”
RUI MARTINIANO
Los jinetes del este, además, influyeron en ciertos aspectos de la cultura peninsular, como los ritos funerarios. “En el Neolítico se construían grandes monumentos funerarios, donde se enterraban a decenas de personas del mismo pueblo. Al llegar la Edad del Bronce, los entierros empezaron a ser individuales, asociados a objetos de significado ritual, como por ejemplo espadas”, relata Rui Martiniano.
Diferencias de altura
Otro de los hallazgos de los científicos podría contribuir a explicar la diferencia de altura entre los europeos del norte y del sur. Los agricultores que colonizaron Europa en el Neolítico eran genéticamente más bajos que los cazadores-agricultores autóctonos, y por lo tanto hicieron disminuir la altura media de los habitantes del continente. A medida que fueron mezclándose entre sí, no obstante, la altura aumentó ligeramente de nuevo.
Luego, cuando llegaron los nómadas de la estepa, que eran más altos, el tamaño se incrementó aún más, aunque no en el caso de la península ibérica. “Las poblaciones del sur tenemos mucha más ascendencia neolítica; esa puede ser una razón por la que seamos más bajos”, concluye Rui Martiniano.
Las poblaciones del sur tenemos mucha más ascendencia neolítica; esa puede ser una razón por la que seamos más bajos”

jueves, 27 de julio de 2017

9 DE ENERO DE 1908 - 14 DE ABRIL DE 1986


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Las 15 mejores frases de Simone de Beauvoir


“Una mujer segura de sí misma es la inseguridad más grande de un hombre”. Probablemente, a Simone de Beauvoir le hubiera encantado que comenzásemos así este artículo y, es que, ella fue una de las grandes heroínas de la historia en la lucha por los derechos de la mujer.
En esta ocasión hemos reunido algunas de sus frases más célebres para poder entender su propia visión del mundo desde los ojos de una mujer de armas tomar…
1. Las personas felices no tienen historia.
2. Encanto es lo que tienen algunos hasta que empiezan a creérselo.
3. Las arrugas de la piel son ese algo indescriptible que procede del alma.
4. La naturaleza del hombre es malvada. Su bondad es cultura adquirida.
5. Conocerse a sí mismo no es garantía de felicidad, pero está del lado de la felicidad y puede darnos el coraje para luchar por ella.
6. Entre dos individuos, la armonía nunca viene dada, sino que debe conquistarse indefinidamente.
7. El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres.
8. ¿Qué es un adulto? Un niño inflado por la edad.
9. No se nace mujer: se llega a serlo.
10. El esclavo que obedece escoge obedecer.
11. La belleza es aún más difícil de explicar que la felicidad.
12. Hay mujeres que son alocadas y hay mujeres de talento: ninguna tiene esa locura del talento que se llama genio.
13. Escribir es un oficio que se aprende escribiendo.
14. Es lícito violar una cultura, pero con la condición de hacerle un hijo.
15. Una mujer libre es justo lo contrario a una mujer fácil.

Biografía de Simone de Beauvoir, una vida de cultura y feminismo

Prolífica escritora y filósofa, defensora de los derechos humanos y militante por el empoderamiento de la mujer, Simone de Beauvoir es una personalidad a la que hasta hoy en día, le debemos buena parte de los avances culturales y políticos respecto a dichas cuestiones. Nacida el 9 de enero de 1908 en París, perteneció a una familia acomodada y profundamente católica.
Durante su infancia y juventud manifestó un gran interés por la cultura y las letras. Fue esa pasión la que le llevó a estudiar la rama de la Filosofía, de la que terminó graduándose con 21 años de edad.
En 1929 ejercía como profesora de Filosofía en la Sorbona, donde conoció a Jean Paul Sartre, uno de los más grandes existencialistas de su tiempo y a quien ella siempre consideró, como un pilar fundamental de su vida intelectual y sentimental. Fueron pareja hasta el 1980, año en el cual el filósofo fallecería, legándole a Simone gran parte de sus concepciones feministas y sobre la vida de pareja.
En 1943 la expulsaron de la Educación Nacional, acusándola de seducir a una de las alumnas a quienes enseñaba. Se emplea entonces como redactora para la revista Tempes Modernes, que estuviera al mando de Sartre.
Al estallar la Segunda Guerra Mundial, sus escritos a favor del movimiento de izquierda y con tintes existencialistas, le acarrearían el disgusto de las autoridades; sobre todo después de pronunciarse abiertamente a favor de la resistencia en contra de la ocupación alemana.
En 1943 publica su primera novela, La invitada, donde abordó el tema de la libertad humana desde el punto de vista del existencialismo. El año siguiente, publicó La sangre de los otros y en 1954 Los mandarines, que le valió ser galardonada con el Premio Goncourt.
Fue una firme defensora de la emancipación de la mujer a través del trabajo digno para franquear sus diferencias con el hombre, y sus posteriores ensayos y obras, constituirían un pilar para el feminismo moderno, pues examina en ellos el papel de la mujer en la sociedad por medio de sus acciones históricas, sociales y filosóficas, cuestionándose el verdadera significado de pertenecer al sexo femenino.
Simone murió el 14 abril de 1986 en su natal París, dentro de su residencia de la calle Victor-Schœlcher. Su cuerpo fue llevado al cementerio de Montparnasse, donde la enterraron con el anillo de plata que fuera obsequio de uno de sus amantes, Nelson Algren.