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martes, 4 de julio de 2017

SAMURÁIS TÉCNICAS DE COMBATE


Traducen un antiguo texto japonés para samuráis que describe técnicas de combate muy peculiares



Resultado de imagen de samurai fightingLa figura del samurái ha sido idealizada excesivamente por el cine y otros medios de comunicación, de manera que la imagen que se percibe de ese tipo de guerrero conlleva muchas inexactitudes de carácter casi mítico. Entre ellas un apego tan estricto a un código de honor que rebasa un tanto la que, al fin y al cabo, era la función del samurái: guerrear. Por supuesto persiguiendo la victoria, y si para ello tenía que recurrir a técnicas poco caballerosas lo hacía ¿Alguien se imagina a un samurái soplando un polvo cegador sobre los ojos de su oponente? Pues ése era un recurso recomendado en un misterioso manual de combate del siglo XVI que acaba de ser traducido: el Rollo de la Espada.
No se sabe la fecha exacta en que fue escrito pero sí hay cierta idea sobre su autor: un samurái llamado Yamamoto Kansuke al que la iconografía suele representar tuerto y cojo, sosteniéndose con una naginata (una especie de alabarda nipona) y que es famoso por haber liderado la victoria del clan Takeda contra el ejército de Uesugi Kenshin en la llamada Cuarta Batalla de Kawanakajima, en septiembre de 1561. Kansuke nació en 1501, probablemente en Ushikubo, una localidad de la provincia de Mikawa, que estaba gobernada por el clan Imagawa.
Hacia 1543 empezó a servir a Takeda Shingen, uno de los daimyos (señores feudales) que trataban de hacerse con el poder en el Japón de la época. Takeda Shingen consiguió su propósito (aunque no pudo disfrutarlo porque falleció a causa de una enfermedad en la fase final de la campaña) gracias a sus famosos Veinticuatro generales, un grupo de mandos que fueron sucediéndose a su servicio a lo largo de su aventura (y alguno de los cuales fue su amante, como Kosaka Masanobu); entre ellos figuraba Yamamoto Kansuke.
Nombrado comandante de la infantería de ashigaru (milicias formadas por campesinos reclutados ex profeso, carentes de armadura, equipo -a lo sumo una yari o lanza- y sueldo, pagándoseles sólo con derecho a saqueo), su papel en la citada Cuarta Batalla de Kawanakajima fue decisivo, al pensar que se había equivocado en la táctica concebida e intentar compensarlo con una carga contra el enemigo que terminó con su vida. En realidad no está claro si se puede considerar que los Takeda ganaron aquel lance a Uesugi Kenshin, dado que las bajas por ambas partes fueron escalofriantes.
La muerte de Yamamoto Kansuke en la Batalla de Kawanakajima
El caso es que Kansuke también ha pasado a la Historia por haber escrito un tratado de técnicas y tácticas militares titulado Heihō Ōgisho. No es segura su autoría y algunos expertos creen que es posterior, habiéndosele atribuído a él por su prestigio, pero la obra fue incorporada a una mayor titulada Kōyō Gunkan, una recopilación de relatos que narran las andanzas del clan Takeda reunida por Kosaka Masanobu (el amante de Takeda Shingen) y ampliada en 1616 por Obata Kagenori, descendiente de Obata Masamori, otro de los Veinticuatro generales.Se sabía que en el Heihō Okigi-sho abundaban las técnicas de uso de armas diversas, desde la espada al arcabuz pasando por el arco o la lanza, así como formas de infiltrase subrepticiamente en las filas enemigas e incluso el Hojōjutsu, un insólito arte marcial relacionado con el Shibari, que forma parte del Jujutso (combate sin armas) y describe las maneras de capturar y atar adversarios usando únicamente una cuerda. Pero la traducción unos días atrás de textos inéditos ha ampliado el tratado.
Ilustración de una de las cuatro versiones del Rollo de la Espada
Estaban en japonés antiguo y fueron pasados al moderno por Fumio Manaka, un maestro de Kobudō (otro arte marcial originario de Okinawa y especializado en armas tradicionales de madera o metal); luego, un traductor profesional que se especializa en escritos de esa época -y que también es tercer dan en Kobudō-, Eric Shahan, los trasladó al inglés. Se los ha bautizado con el título de Rollo de la Espada.
Arduo trabajo el de los traductores, porque al parecer hay cuatro versiones
distintas, cada una con ligeras diferencias en texto e ilustraciones, y además se
cree que algunos de los fragmentos no son de Yamamoto Kansuke (suponiendo
que los demás sí lo sean) sino de un samurái anterior llamado
 Kusunoki Masashige, que vivió a caballo entre los siglos XIII y XIV.
Masashige, nacido en 1294, está considerado un modelo de lealtad de su casta al
 servir fielmente al emperador Go-Daigo Tenno contra el shogunato Kamakura en
 1331, siguiendo la lucha incluso cuando el emperador cayó prisionero.
Esa fidelidad inquebrantable pasó después a su hijo Masatsura, después de que
 Kusunoki Masashige y sus oficiales se suicidaran mediante el seppuku
en 1336 al ser derrotados en la Batalla de Minatogawa.
La última posición de Kusinoki Mashige
Sea quien sea el autor era un experto guerrero y proporciona una serie de consejos
 para el combate que resultan bastante heterodoxos para la idea que tenemos de
 un samurái. Es verdad que alguna cosa sí parece ajustarse a la filosofía tradicional,
 como cuando dice que un buen esgrimista no debe guardar “ningún mal en su 
corazón” y ha de mantener un equilibrio entre sus sentidos (ojos, manos, pies…)
 y su espíritu. Pero hay otros más sorprendentes, como el que avisa de que un
 exceso de entrenamiento puede producir lesiones.
Otro ejemplo es el que asesora sobre cómo llevar a cabo una lucha en condiciones
diversas y muy especialmente de noche: “Cuando luches en una noche oscura 
mantén bajo tu cuerpo, concéntrate en la posición adoptada por el enemigo e 
intenta escudriñar qué tipo de armamento lleva”. Aconseja además aprovechar
 las tinieblas para ocultar el número de fuerzas propias y usar la vaina de la espada
 como arma complementaria (colocándola al final de la hoja para alargar ésta)
o como defensa, poniéndola en posición vertical en la cintura para protegerse de
mandobles del adversario a esa altura.
Un samurái con la cabeza de su enemigo
Ahora bien, probablemente la recomendación más peculiar sea la de arrojar unos 
polvos a los ojos del oponente para cegarlo, especialmente si el otro es el general
 enemigo porque así se ganará rápidamente la batalla. Son varias las recetas que
 sugiere para la elaboración de dichos polvos. Una habla de “abrir un pequeño 
agujero en una cáscara de huevo” y sacar el contenido añadiéndole pimienta roja,
 envolviéndolo todo en un papel que se aplastará contra el rostro del adversario;
 otra consiste en una mezcla de trozos de mamushi (una serpiente venenosa), 
estiércol de caballo y hierba picada que se soplará sobre los ojos del otro, 
haciéndole perder el conocimiento (aunque, en un alarde de sinceridad, advierte
 de que nunca ha sido probada).
Eso sí, al final la lección suprema es la de la lógica: “Es mejor errar por 
precaución y no entrar en un sendero infestado de bandoleros”. O dicho de otra
forma, por muchas técnicas que conozcas puedes acabar derrotado si te enfrentas
 a demasiados enemigos.

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